Opinion · EconoNuestra

Se avecinan tormentas

Hiscio Belluga,
Antiguo alumno del Máster de Economía Internacional y Desarrollo y estudiante de Doctorado de la Universidad de Murcia

Estamos hartos de oírlo, los tipos de interés van a subir, los organismos internacionales no paran de avisar que España no está haciendo los deberes, que no estamos preparados para esa coyuntura cíclica preciosa del capitalismo en la que todo se va al traste. Nos están avisando, alarmando, incitando a que los ciudadanos de a pie tomemos decisiones para prepararnos para estas vacas flacas que están por llegar…

No sé vosotros, pero yo al menos como humilde estudiante con unos ingresos más que modestos, me pregunto ipso facto ¿cómo? ¿cómo puedo tomar medidas para protegerme del guantazo de proporciones bíblicas que me voy a llevar si no tengo ni un euro ahorrado porque un alquiler se come más de la mitad del sueldo? ¿cómo voy a intentar ahorrar si aparte del precio del alquiler en el caso de que mi coche de segunda mano y catorce años reviente se va con él las pocas migajas que he conseguido ahorrar este mes? Y si ya le sumamos que al romperse el coche llego tarde al trabajo y me descuentan el plus de puntualidad ya me podrían homologar los créditos de ingeniería contable si con todo soy capaz de ahorra un euro.

Estoy de acuerdo con que no se han hecho los deberes, los salarios no están al nivel que deberían ya que el gobierno anterior se centró en la panacea del mundo moderno y desarrollado para salvarnos a “todos”, que eran las exportaciones. Abusando de salarios bajos, se intentó que esta maravillosa Piel de Toro conocida como España fuese el proveedor de Europa, que todo el mundo nos demandase bienes y servicios españoles y la única y grandiosa forma en la cual lo hemos hecho ha sido a base de salarios bajos y aumentos salvajes de productividad. Porque claro, si cobramos poco, nos partimos el lomo a trabajar y encima tenemos ese buen humor tan español que nos caracteriza, los alemanes, rusos y chinos nos van a comprar mucho más y esos sueldos bajos no se van a notar porque los empresarios van a ganar mucho. ¡Qué grandes que son las contradicciones inherentes del sistema!

Es triste pensar que 1300€ al mes se considera hoy en día un salario bueno, teniendo en cuenta que muchos alquileres ya piden 600€ al mes. Y no me vale la manida excusa de la inflación para no subir los salarios de los trabajadores, que yo sepa, la ciudad de Seattle (malditos comunistas estos americanos) subió su salario mínimo de $9.45 a casi los $15.45 por parte de grandes compañías y que yo sepa la ciudad no se la ha comido el mar ni los volcanes han hecho estragos con ella por enfrentarse e indignar a los dioses del capitalismo. Pero seguramente Seattle sea un caso especial y no extrapolable, como todas las buenas noticias para los trabajadores.

Nuestro querido pasado gobierno ha conseguido realmente empobrecer a la clase trabajadora y el que ha venido detrás a matacaballo no tiene la fuerza de poder arreglar lo que dice que quiere arreglar. Estamos en una ratonera en la cual es muy difícil salir y depender de que la patronal nos suba el salario parece más bien una carta a los Reyes Magos que una medida que se tenga en consideración.

Cualquier estado que de verdad quiere velar por el bienestar de sus ciudadanos no se centra en exportar. Si de verdad quiere que sus ciudadanos no dependan de los antojos y placeres del exterior, sería necesario fortalecer el mercado interno. Nunca es buena idea que nuestra estabilidad económica dependa de los antojos de unos vecinos norteños que achacan a los pepinos infecciones de E. Coli falsas. Es verdad que vivimos en un mundo globalizado y que tenemos que exportar y comerciar para sobrevivir, pero no significa que no se pueda tener un mercado interior robusto y con un buen poder adquisitivo. En los países que se mueven por los gustos y tendencias de los demás, terminan prisioneros de los antojos de otros y sospecho que no queremos que la ensalada de un ciudadano bávaro sea la que decida el destino de todos nosotros.

Amigos míos, es verdad, se avecinan tormentas, es más siempre se avecinarán tormentas, es lo que tiene el capitalismo, que es cíclico, que no garantiza estabilidad y que es un sistema muy cruel con los más desfavorecidos. Pero la tormenta que tiene que venir después de esas tormentas que nos conocemos todos, es la tormenta del cabreo, la tormenta del basta ya y la tormenta que agite el sistema hasta que cambie. No será porque no tenemos ejemplos como el de nuestros abuelos luchando por sus pensiones, o nuestras kellys revindicando su dignidad laboral. Tenemos que darnos cuenta de que el que no llora no mama y nos va a tocar llorar. Menos mal que lo que más cuesta es empezar a moverse y existe eso a lo que llaman inercia.