Opinion · EconoNuestra

Manila, ciudad de Albert Rivera

Guillem Bou Bauzá
Licenciado en matemáticas e informática y doctor en ciencias sociales.

Cómo Manila es el modelo de ciudad de Ciudadanos

La capital de Filipinas es el lugar perfecto para abrir un negocio. Los propietarios de los Mall(dicen que magnates en su mayoría chinos) tienen mano de obra cualificada a precio de saldo. Un jefe de sección en unos grandes almacenes (una persona que dirige, por ejemplo, a 15 vendedores en “moda niños”) cobra unos 200 euros al mes. Con estos 200 euros puede vivir en una habitación compartida, con baño comunitario y ratas en los pasillos. Hay mucha oferta de habitaciones compartidas en Manila, no hay por qué quejarse. Puede también comer cada día, siempre que compre en un mercado local, pero no puede comprarse nada más. Ni ir al bar una vez a la semana. Porque los precios de los artículos de consumo son, en general, los mismos que en España.

El problema de Manila es la contaminación del aire. Sin ningún tipo de restricción, el aire es sencillamente irrespirable. Todo el transporte público se basa en los Jeepnew(de gasoil) y los triciclos. Tan solo hay dos líneas (elevadas) de metro, que son claramente insuficientes para 15 millones de habitantes. Sólo un porcentaje ínfimo de la población usa el taxi (porque no pueden pagarlo, aunque sea relativamente barato).

Hasta aquí tenemos que Manila es el modelo de ciudad que recoge grosso modolas ideas de Ciudadanos: sueldos mínimos bajos, fe en la iniciativa privada para crear riqueza, impuestos muy bajos, libertad de uso de la vía pública sin planes de ordenación ambiental, etc. Pero hay mucho más por descubrir. Sigan leyendo.

La asistencia sanitaria y la vida que proponen Ciudadanos

En Filipinas, por ejemplo, si vas a un hospital no te atienden hasta que no pagas. Es decir, te puedes morir en el pasillo porque no tienes dinero. En España, si consigues llegar a la puerta del hospital, están obligados a salvarte la vida (y luego ya veremos cómo lo pagas). En Filipinas encontramos la idea, llevada al extremo, de que tenga sanidad quien pueda pagarla, como proponen los partidos de los recortes.

Como se trabaja muchas horas y, encima, el problema de tráfico en Manila es de los más grandes del mundo, se suele tardar entre una y dos horas por trayecto. La gente que trabaja tiene hambre, pero llegará tarde a casa. Por tal motivo, la ciudad está a rebosar de pequeños puestos de venta callejera. Pequeños negocios (desde una moto con un carrito hasta un local de 2 metros de fachada por 2 de hondo) donde la gente se sirve microcomidaspara no desfallecer antes de llegar a casa. Del control sanitario mejor no hablemos, la iniciativa privada es garantía suficiente de que las cosas se hacen bien en el modelo neoliberal.

Es muy difícil para los 110 millones de habitantes de Filipinas comprar, por ejemplo, un bote de detergente o una lata de judías. Viven en un mundo (su mundo) donde todo es caro para ellos. Pero el sistema tiene la solución: el microenvasado. En todos los supermercados la mayoría de envases son mini, que es lo que puede comprar la gente: un sobre para una ración de café, un sobre de champú, una mini lata de carne. Es lo que pasa cuando construyes una sociedad basada en sueldos bajos: no tienes consumo, sólo tienes micro consumo.

El otro gran problema de Manila (y Filipinas) es ecológico. Su consumo de envases y plásticos (debido en gran parte al microconsumo) es astronómico. El gobierno tuvo que cerrar un tiempo la turística isla de Boracay (sí, cerrar el acceso a una isla) para limpiarla y no matar la gallina de los huevos de oro. No se preocupen: ya es accesible al público.

La seguridad pública sigue la visión de Ciudadanos

A mucha gente no le importa que el presidente Duterte tenga un lado turbio (escuadrones de la muerte). Y es que, en este punto, son más de Albert Rivera que el propio Albert Rivera. Para muchos filipinos no sólo hay que estar del lado de las fuerzas del orden, aunque el caso no esté del todo claro (como sería el caso de los jóvenes de Alsasua). Para ellos hay que estar con la autoridad, aunque lo que hagan sea manifiestamente malo. Incluyendo el asesinato. En definitiva, que no se andan con medias tintas, como los gestos provocativos pero lightde Ciudadanos, allí lo que se lleva es la licencia para matar.

También, por otra parte, la ley está para cumplirla por muy absurda o inútil que sea en algunos casos. Sin ir más lejos, el adulterio está penado. Sirve, básicamente, para amenazar a las mujeres o despedir a trabajadores bajo coacción, más que para meter a la gente en la cárcel. En esto se quedan a medio camino, es una vergüenza, por lo que pido ahora mismo que envíen a Inés Arrimadas a Manila a exigir que metan a todo adúltero en la cárcel. Las leyes están para cumplirlas, ¿no? (ándense con ojo: también hay pena para el o la amante de quien comete adulterio).

Por qué Arrimadas debe ir a Manila

Pero lo que más le va a gustar a Arrimadas es que en Manila no hay prácticamente historia. Es decir, si vas a Bangkok tienes todo un mundo de templos por descubrir. Pero en la Segunda Guerra Mundial, americanos y japoneses, se encargaron de no dejar piedra sobre piedra en el casco antiguo de la ciudad. Sólo sobrevivieron las murallas españolas (del sector de la construcción siempre podemos estar orgullosos) y la cárcel de Intramuros(porque es subterránea).

Llama la atención como 110 millones de filipinos apenas conocen nada de su propia historia. Es un defecto del sistema educativo. Pero, encima, la ciudad no ayuda. Y para colmo, en el museo Ayala, donde sí hay un resumen interesantísimo de su historia y sus vínculos con España, la entrada es prohibitiva para un filipino: unos 10 euros.

Así pues, en una ciudad que esconde su historia, Arrimadas podría decir lo que le apeteciera y nadie llevaría la contraria. Podría decir que los americanos eran unos nazis que combatían a los demócratas japoneses. O que, a José Rizal, el padre de la patria filipina, no lo ejecutó el estado español sino un pelotón de fusilamiento. Le aplaudirían seguro, casi tanto como le aplauden en España.

Manila quiere ser Barcelona, pero Madrid quiere ser Manila

Bien, ahora que ya tienen un motivo más para viajar, pongámonos serios. La gente de Filipinas está despertando. Se están creando iniciativas fuertes de cambio de visión en el tema ecológico. Y en el tema social, incluso Duterte prometió en campaña que se había acabado eso de los contratos temporales mayormente en los Mall, donde el capitalismo oriental (que, venido al caso, es como el occidental) reengancha contratos de menos de 5 meses eternamente para no tener a ningún trabajador fijo en plantilla. Por otra parte, El Gobierno de Filipinas anunció este año la construcción del primer metro subterráneo en Manila. El mundo es global, y los filipinos descubren que otra sociedad es posible. Los que nos han visitado hablan muy bien de Madrid o Barcelona, o de cualquier sitio de España.

Porque muchos filipinos hablan de emigrar, pero la mayoría prefiere Europa porque han oído hablar de un estado social: educación pública gratuita de calidad, protección sanitaria, seguridad pública o, simplemente, ciudades con aceras anchas donde se puede pasear. Lo que atrae de Europa es muy simple: es un modelo de sociedad basado en la clase media, en la cohesión social y en los derechos fundamentales ejercidos en la vida diaria (no en los papeles).

Así las cosas, choca que desde Manila se vea a Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao o cualquier ciudad o pueblo de España como un ejemplo a imitar. Un lugar donde se querría vivir. Y, en cambio, nos salen algunos políticos (de partidos fuertes en Madrid) con propuestas que tienen, en realidad, la intención de llevarnos a un modelo económico y social asiático.

A menos que Ciudadanos cambie sus propuestas (ya las ha cambiado varias veces, no le viene de una más) hay que ser conscientes que no hace falta votar a este partido para conseguir la ciudad que proponen. Basta con irse a vivir a Manila.

 

Guillem Bou Bauzá es licenciado en matemáticas, licenciado en informática y doctor en ciencias sociales.