Opinion · EconoNuestra

Íñigo Errejón renuncia a su escaño parlamentario

Fernando Luengo
Miembro del círculo de Chamberí de Podemos

No entraré a discutir si Iñigo Errejón ha decidido montar un nuevo partido político; ni tampoco sobre las expectativas electorales de su tándem con Manuela Carmena. Pero sí quiero decir, porque lo siento así, que su actuación ha puesto de manifiesto una evidente deslealtad y cinismo.

El diputado Íñigo Errejón, tras la rueda de prensa en la que ha anunciado este lunes al grupo de Unidos Podemos en el Congreso que abandona el escaño para dedicarse a la campaña electoral para la Presidencia de la Comunidad de Madrid a través de la plataforma de Manuela Carmena. .EFE/ J. P. Gandul
El diputado Íñigo Errejón, tras la rueda de prensa en la que ha anunciado este lunes al grupo de Unidos Podemos en el Congreso que abandona el escaño para dedicarse a la campaña electoral para la Presidencia de la Comunidad de Madrid a través de la plataforma de Manuela Carmena. .EFE/ J. P. Gandul

Lo primero, deslealtad, es entregar ese tándem a la dirección del partido unos minutos antes de oficializarse, renunciando, en consecuencia, a presentar una candidatura como Podemos. Se mire como se mire, una inaceptable política de hechos consumados. ¿No hubiera sido razonable, y democrático, debatir este asunto, tanto en los organismos dirigentes como en el conjunto del partido? Pero, con toda seguridad, actuar de esa manera le hubiera quitado impacto político y mediático al paso dado por Íñigo Errejón. Y de eso se trataba. Deslealtad a tope.

Lo segundo, cinismo. Lo es montar la compleja coreografía y la sucesión de capítulos a los que, perplejos, estamos asistiendo. Para justificar su decisión y para recabar apoyos, no sólo entre los posibles votantes, sino también en el establishment. El penúltimo episodio (porque, sin duda alguna, habrá más) es la decisión de renunciar a su escaño; cuidando que ese paso abra informativos y se coloque en las cabeceras de los diarios, cosa que está consiguiendo. Lo lógico -aunque me temo que apelar a lógica es pedir demasiado- es que Íñigo Errejón hubiera puesto desde el principio a disposición del partido su escaño, pues, no hay que olvidarlo, lo ha obtenido concurriendo en sus listas electorales. Pero, claro, actuar de esa manera hubiera desactivado, en parte, la bomba mediática en que ha convertido su operación política. Es mucho mejor, para sus intereses, añadir dramatismo y trasladar el mensaje de que se va porque, en realidad, le echan y porque pesan más sus ideas que el estatus de parlamentario. ¡Qué siga el espectáculo!

Repito, no entro a valorar las cuestiones de fondo, sobre las que que valdría la pena un debate en profundidad, no sólo entre las cúpulas, que situara en el centro del mismo las políticas que necesita la Comunidad de Madrid y los formatos electorales más adecuados para llevarlas a cabo. Viendo cómo están evolucionando las cosas, no parece probable que ese debate se produzca. Los acontecimientos se suceden a toda velocidad y los espacios que deberían acogerlo -los círculos- quedan, una vez más, atrapados en disputas orgánicas.

Siento, sentimos mucha gente, tristeza y hartazgo. Y presiento que, detrás de todo este lio, hay una estrategia bien urdida desde el poder político, económico y mediático para cargarse Podemos, un partido que ha representado y aún representa, con todos los defectos que tiene y con todos los errores que se han cometido,  mucha rebeldía, atesorando un enorme potencial de cambio.