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Huelga o paro patronal, lucha obrera o blindaje

Chus Melchor
Economista consultora en economía del bien común

En todos los años de democracia creo que es la primera vez que los manifestantes focalizan su ira hacia otros trabajadores precarios del mismo sector.

Hace ya año y medio, en junio de 2017 escribí un artículo en el que sostenía que el dilema taxi / uber o Taxi VTCs es un dilema falso. Creer que no hay alternativas y que tenemos que elegir entre lo malo y lo peor es uno de esos relatos que nos llevan a aferrarnos a lo que hay por malo que sea o a lo nuevo por muchos riesgos que arrastre. Las cosas no han cambiado desde entonces. Ni antes ni ahora ha habido propuestas por parte de los partidos políticos españoles para abordar el transporte urbano mediante una transición a un parque móvil ecológico, compartido, basado en economía local y cooperativa y que a su vez supere el sinsentido de las licencias abusivas y listas para la especulación. En Toronto, en Denver y en Bologna por ejemplo, existen modelos cooperativos que se han ido adaptando a las nuevas tecnologías. Pero en España el problema se ha ido enquistando y recientemente se ha traducido en un paro del taxi que se ha venido asimilando a una huelga.

Parece que el transporte urbano requiere un debate profundo, sosegado e inteligente que supere la situación actual. Si fuésemos capaces de obviar esa necesidad de tomar partido entre dos tipos de trabajadores sería más fácil entendernos. Sin embargo las últimas actuaciones del sector del taxi nos hacen muy difícil al resto de ciudadanas mantener la imparcialidad.

El paro del sector del taxi se ha desarrollado en un clima de violencia intolerable. Intolerable por su virulencia y su extremismo, pero además porque el objeto de la ira de los taxistas no era una patronal, ni un poder fáctico, ni las fuerzas del orden, ni siquiera esquiroles que entorpecen una lucha de la que serán beneficiarios.En todos los años de democracia creo que es la primera vez que los manifestantes focalizan su ira hacia otros trabajadores precarios del mismo sector. Intolerable también porque no se trata de casos aislados, sino de un ambiente general de agresión consentida y alentada,con decenas de denuncias y con imágenes difíciles de apoyar, incluido el intento de suicidio de uno de los taxistas manifestantes que se lanzó de cabeza contra el parabrisas de un coche VTC en marcha.

Las explicaciones que se daban en las redes y en comunicados en las que intentaban convencernos de que toda esta actuación salida de tono venía a salvarnos de la amenaza de las multinacionales que cotizan en el extranjero, explotan a sus trabajadores y tienen el plan de subir las tasas, son explicaciones con algún hueco disonante. ¿Realmente la violencia de los taxistas contra trabajadores de Uber y Cabfy intenta protegernos del liberalismo salvaje y de la precarización laboral? ¿Si los competidores cotizaran en España, los taxistas pararían su protesta? ¿El objetivo de la lucha de los taxistas es conseguir que Uber y Cabify reconozcan los derechos laborales de sus trabajadoras? ¿Es acaso evitar que suba el precio del transporte urbano como sucedió en California? ¿Si pudiésemos evitar esta subida con una regulación estarían de acuerdo en las nuevas licencias?

Cuesta creer que la lucha del taxi sea la lucha altruista contra el capitalismo desaforado de los nuevos modelos multinacionales. Se han encontrado enfrente a este sector y pueden desacreditarlo con facilidad, pero no parece creíble que lo hagan buscando justicia social ni bien común.

En este contexto es muy difícil explicar el apoyo incondicional de ciertos partidos como Podemos o los ayuntamientos del cambio a un sector que ha mostrado su cara más infame y que ante la opinión pública ha perdido razón y credibilidad.Se pueden buscar soluciones que sean aceptables para los taxistas sin olvidar los derechos del resto de trabajadores y trabajadoras del sector. Pero hay que condenar rotundamente la violencia, más si cabe cuando se ejerce contra otros trabajadores, y hay que reconocer que la lucha de los taxistas no es una lucha obrera altruista contra el poder ni contra el capitalismo desaforado, aunque las circunstancias les hayan puesto enfrente de multinacionales neoliberales. A partir de ahí se podrán buscar soluciones sin posiciones enconadas ni apoyos incondicionales.