Opinión · EconoNuestra

Manual para el activista sano

Álvaro Gaertner Aranda
Ingeniero Fïsico y estudiante del master de Economia sostenible y Gestión de Empresas sostenible en la Universidad de Oldenburgo, Alemania.

Todos tenemos un pequeño activista dentro de nosotros. Es esa parte de nosotros a la que le hierve la sangre cuando ve que desahucian a nuestras vecinas, que la sanidad pública está cada vez más privatizada y funciona cada vez peor, que unas pocas multinacionales continúan contaminando y destrozando nuestra casa común solo para garantizarse grandes beneficios o que la extrema derecha amenaza con convertirse en una fuerza política relevante. Esa parte de nosotros, que hace que nos enfademos cuando somos testigos de todas estas injusticias, también hace que nos alegremos cuando vemos que se solucionan, y por lo tanto nos empuja, de manera natural, a hacer algo para solucionarlo. El problema que surge al llegar a este punto suele ser que muchas veces no vemos de manera directa qué podemos hacer nosotros como personas individuales para solucionar estos problemas, y entonces nos sentimos abrumados, pensamos que no podemos hacer nada y nos frustramos. En ese punto hay mucha gente que se enfrenta a la disyuntiva entre seguir informándose y frustrándose con todos esos problemas aparentemente irresolubles o desconectarse del mundo político y dejar en manos de los que hacen política todos los aspectos de su vida que dependen de la política.

La buena noticia es que hay maneras de evitar que nuestra bienintencionada alma de activistas tenga que llegar a esta disyuntiva entre el pasotismo y la amargura, y una de ellas consiste en afrontar nuestros sentimientos de activistas de manera metódica y racional. Por eso el objetivo de este artículo va a ser proponer un posible método mental para ser capaces de llegar desde el sentimiento de enfado hasta el qué queremos hacer nosotros para solucionar esos problemas y sentirnos bien al mismo tiempo. Las preguntas a hacerse para llevar a cabo este proceso son las siguientes:

  • ¿Qué cosas considero yo que son un problema? En este paso solamente tenemos que preguntarnos a nosotros mismos qué nos duele y apuntarlo en una lista.
  • ¿Cuáles son las soluciones a los problemas que he apuntado? En este paso tenemos que pensar las soluciones a los problemas que hemos apuntado anteriormente, sin importarnos si a priori podemos hacer algo para impulsar esas soluciones o no. En este paso podemos tener el problema de que para una cuestión en particular no se nos ocurra ninguna solución por nosotros mismos. Cuando esta dificultad se plantee hay que tener presente que es muy poco probable que cualquiera de los problemas que podamos pensar no tenga una solución, y por lo tanto la pregunta que debemos hacernos al llegar a este punto debe ser si consideramos que ese problema en particular es lo suficientemente importante para nosotros como para invertir más tiempo en buscar una solución o no. Si la respuesta es que no es lo suficientemente importante, entonces la estrategia mental a seguir por parte del activista que hace o tiene pensado hacer su parte en la sociedad consiste en olvidarse del problema y convencerse a uno mismo cada vez que el problema salga a la luz y amenace con provocarnos frustración de que nosotros ya estamos haciendo nuestra parte y que con eso es suficiente. Por otro lado, si la respuesta es que el problema es lo suficientemente importante, entonces tenemos que tener presente que es muy probable que algún colectivo o institución ya haya hecho frente a ese mismo problema, y por lo tanto el reto está en encontrar a ese colectivo o institución. Esta información la podemos encontrar buscando en internet colectivos o instituciones que hayan hecho frente al problema y viendo si sus propuestas o acciones nos satisfacen como soluciones, o también preguntando en nuestro entorno a gente que puede tener una gran cantidad de conocidos en movimientos sociales e instituciones, como por ejemplo es el caso de los militantes de partidos políticos, y ver si ellos nos pueden indicar una solución o ponernos en contacto con alguien que nos la pueda suministrar. En cualquier caso, si consideramos que el problema es lo suficientemente importante podremos encontrar, de una manera u otra, soluciones al mismo, y podremos pasar a la siguiente pregunta.
  • ¿Qué puedo hacer yo para que se implementen o para implementar esas soluciones? Una vez que ya tenemos soluciones para todos los problemas que nos han parecido lo suficientemente importantes, el problema al que probablemente nos tendremos que enfrentar será que no seremos capaces de ver a primera vista qué podemos hacer nosotros para que se implementen esas soluciones. Por ejemplo, podemos considerar que la actitud de Bolsonaro con respecto al Amazonas o a los indígenas es una fuente de preocupación, y podemos llegar a la conclusión de que a través de la presión diplomática por parte de otros países se podrían llegar a evitar muchas de las barbaridades que tiene en mente, pero es muy plausible que no seamos capaces de encontrar una manera eficaz en la que nosotros podamos actuar para que esa presión diplomática se lleve a cabo. De igual manera, podemos considerar que ciertos cambios legislativos permitirían limitar los precios del alquiler a nivel nacional, pero puede que no tengamos en nuestra mano el poder para que se implementen esos cambios legislativos. De este modo, a la hora de buscar la respuesta a esta pregunta tenemos que mantener en la cabeza tres cosas. La primera es que nuestra primera fuente de información para saber qué podemos hacer nosotros para empujar a favor de las soluciones que hayamos identificado está de nuevo en los colectivos e instituciones y en las acciones que lleven a cabo a nivel local, puesto que ahí es donde encontraremos la mayoría de acciones y actividades en las que podríamos participar. La segunda es que uno de los caminos para tener éxito para los movimientos sociales es ser capaces de satisfacer necesidades insatisfechas de las comunidades donde actúen y relacionar las actividades en las que satisfacen esas necesidades con sus propuestas para cambios a nivel legislativo o institucional. De esta manera, los movimientos sociales consiguen que las personas que satisfacen alguna de sus necesidades insatisfechas gracias al movimiento social se convenzan de sus propuestas, se integren en él y pasen a formar y ampliar la base activista del movimiento que después trabajará para marcar la agenda a nivel local, autonómico o nacional y para forzar a los gobernantes a adoptar las propuestas que solucionarán el problema de manera definitiva. Por eso, a la hora de elegir las acciones de los colectivos locales en los que queramos participar tenemos que tener presente que nuestra participación nos acercará más a nuestro objetivo de resolver un problema si la acción en la que participemos satisface necesidades insatisfechas de la comunidad. Un ejemplo de esta dinámica sería la PAH, que a través de sus acciones para defender a las personas en riesgo de desahucio conseguía, además de marcar la agenda política nacional, formar una base activista que después servía para impulsar otras acciones con capacidad para influir la agenda política y la actuación de los políticos como por ejemplo la recogida de firmas para la ILP. Por último, puede darse el caso de que se nos ocurra una acción que podría ser muy útil para satisfacer una necesidad insatisfecha en nuestra comunidad y para generar conciencia social sobre un determinado tema, pero que ningún colectivo o institución esté llevando a cabo esa actividad en nuestra comunidad. En este caso hay que tener presente que si consideramos que llevar a cabo esa acción es suficientemente necesario e importante siempre podríamos formar un colectivo que se encargase de ello. Para ello habría que entrar en contacto con gente que pueda tener preocupaciones similares a las nuestras y proponerles la idea para ver si quieren participar. De esta manera, si por ejemplo considerásemos que el foodsharing, una plataforma que existe en países como Alemaniapara rescatar comida que de otra forma se tiraría a través de acuerdos con las tiendas y supermercados, podría servir para satisfacer necesidades insatisfechas en nuestra comunidad como la de reducir el desperdicio de comida en buen estado o la de conseguir comida gratis para la gente que participe en la plataforma, pero en nuestra comunidad no hubiese ninguna posibilidad para llevar a cabo esta actividad en la actualidad, entonces podríamos ponernos en contacto con los colectivos ecologistas de nuestra zona y ver si ahí habría gente dispuesta a poner en marcha esta actividad en nuestra zona. En conclusión, si consideramos que un problema es lo suficientemente importante seremos capaces, en la mayoría de los casos, de encontrar alguna acción en la que podamos participar que esté relacionada con el tema en cuestión, que satisfaga necesidades insatisfechas en nuestra comunidad y que nos permita empujar para que se implemente la solución políticaque resolvería de manera definitiva el problema.
  • ¿Qué soluciones tengo la voluntad de implementar? Esta última pregunta surge porque puede que al responder la pregunta anterior hayamos encontrado varias acciones que servirían para impulsar la implementación de una solución a un problema que consideramos muy importante, pero puede que participar en muchas de ellas no sea necesario para nosotros a nivel personal y nos resulte aburrido y no queramos hacerlo. De esta manera, a la hora de contestar a esta pregunta debemos tener presente que, para que el activismo que hagamos sea sostenible en el tiempo, es necesario que la actividad en la que vayamos a participar sea, o bien necesaria para nosotros, o bien algo que nos apetezca hacer. Por ejemplo, puede que a nosotros no nos apetezca demasiado a nivel personal participar en acciones para parar los desahucios como las ocupaciones de las oficinas de los bancos, pero si nosotros mismos nos encontramos en riesgo de desahucio lo haremos de todas formas. De la misma manera, puede que no nos encontremos en riesgo de desahucio, pero que la sensación de felicidad que obtenemos al parar uno y conseguir que una familia mantenga su casa nos haga participar en las acciones para parar los desahucios. Igualmente, puede darse el caso de que no nos encontremos en riesgo de desahucio y además participar en las acciones para pararlos nos dé tanto miedo que no haya manera de que participemos en las acciones para pararlos. De todas formas, si ese es el caso tampoco pasa nada porque seguro que habrá otra cosa que podamos hacer para impulsar alguna solución a algún otro problema que consideremos importante y que nos haga felices hacer. Por ejemplo, puede darse el caso de que seamos unos manitas y unos apasionados de la reparación de bicicletas y todo tipo de máquinas y además consideremos necesario impulsar la reparación de todo tipo de objetos para reducir el consumo y luchar contra el cambio climático, y entonces nos encantará participar en un repair café. O si no, a lo mejor nos encanta cocinar y creemos que una parte fundamental de la lucha contra el neoliberalismo y por un futuro más democrático pasa por la superación de la atomización y del individualismo actuales y por la creación de comunidades, y entonces nos encantará participar en iniciativas como las cocinas del pueblo, en las que un grupo de gente se junta para cocinar para todo aquel que quiera ir a comer en comunidad a cambio de donaciones para cubrir los costes de la comida. En cualquier caso, lo importante es saber que, para que el activismo que queramos hacer sea sostenible en el tiempo y sano para nosotros, lo que vayamos a hacer tiene que ser algo que nosotros queramos hacer de verdad, bien sea porque nos guste o porque sea necesario para nosotros.

Si llevamos a cabo estos pasos y damos respuesta a estas preguntas, seremos capaces de encontrar una o varias actividades en las que podamos y queramos participar y que sirvan para impulsar soluciones para alguno de los problemas que nos duelen. De esta forma, conseguiremos evitar la disyuntiva de la que hablábamos al principio entre frustración y pasotismo, ya que podremos hacer cosas que sean útiles para resolver alguno de los problemas que nos preocupan y la conciencia de saber que estamos haciendo nuestra parte en la sociedad nos ayudará a evitar la frustración por la imposibilidad de actuar para solucionar todos los problemas que nos preocupan. En definitiva, podremos conseguir ser más felices, hacer un activismo sano que pueda ser sostenido en el tiempo y demostrar que tanto la política como el activismo pueden y deben ser actividades agradables en las que todo el mundo puede participar.