Opinión · El azar y la necesidad

El agente doble Duran i Lleida y los Tristany

Los Tristany fueron una familia carlista catalana que estuvo presente en todos los conflictos militares del siglo XIX: la guerra dels malcontents durante el reinado de Fernando VII y las tres guerras carlistas durante la regencia de Maria Cristina, el reinado de Isabel II y la Primera República y la Restauración. Los Tristany tenían su casa señorial en el pueblo de  Ardèvol, en el municipio del Pinós, en la comarca del Solsonés. Se trata de una construcción muy recia, más preparada para la defensa y el combate que para las labores de labranza, hoy convertida en una casa de turismo rural. Los Tristany, a pesar de luchar siempre en el bando perdedor, mantuvieron su patrimonio gracias a una sabia estrategia consistente en desheredar al primogénito que iba al combate y nombrar heredero al que se quedaba en casa. El general Rafael Tristany, defensor de los Estados Pontificios frente a los garibaldinos, fue un fino estratega en la última guerra carlista, y consiguió el respeto de sus enemigos alfonsinos  por darles un trato humanitario cuando caían prisioneros, pero eso no fue suficiente para continuar en su hacienda al acabar la guerra. Al final del conflicto se exilió a Lourdes, mientras en Catalunya se hacían cargo de las tierras sus parientes menos comprometidos con la causa del pretendiente.

La estrategia de CiU ante los diferentes escenarios que se abren tras su apuesta soberanista es muy parecida a la de los Tristany en las guerras carlistas, tener un hijo luchando por la causa y el otro a la expectativa, con buenas relaciones con la facción contraria.  Artur Mas ha asumido el papel más comprometido, un papel que podría conducirle a la incapacitación política o la cárcel, a tenor de las amenazas siniestras que llegan de Madrid. Pero el papel de Duran no está pensado para escenarios tan sombríos, es un recambio natural dentro de la coalición si el electorado soberanista pierde fuelle en el futuro, algo que, en caso de que ocurra, se podrá detectar a la luz de las encuestas. Pero no sólo eso, si se produjera desazón en los círculos empresariales y económicos catalanes  por las medidas fiscales que impone ERC,  Durán encarnaría el futuro de un partido que puede ser puesto en cuestión  por el círculo de intereses que se mueven entorno de la Caixa, Abertis, el grup Godó, Foment del Treball, la Cambra de Comerç y el círculo Ecuestre. Pero el papel de Duran no se limita a servir de tabla de salvación de CiU en caso de naufragio, cumple el mismo papel con el PP y con los socialistas, por eso Duran actúa como un agente doble, en este caso como un agente triple. Durán ha conseguido situarse en una posición central en el tablero de ajedrez de la política española, en una partida que podría terminar en unas tablas de consecuencias imprevisibles para los dos jugadores. Si, por el contrario,  las posiciones soberanistas triunfan en Catalunya,  y Europa las avala para evitar un mal mayor,  Duran podría  representar el último recurso del PP y del PSOE para negociar una solución pactada que evite la ruptura total. En otro escenario de rotura, si el PP rompe la baraja y  suspende la autonomía de Catalunya, encontrará  en Durán el personaje clave para maquillar una operación de represión y atenuar la posible revuelta catalana. Finalmente, Durán puede ser el personaje idóneo para pactar con el PSOE, si la solución pasa por un gobierno de coalición CiU i PSC en Catalunya. Los socialistas necesitan imperiosamente a Duran para salir del atolladero en el que se encuentran.

Los agentes dobles son imprescindibles para las relaciones internacionales, incluso en tiempos de guerra. Mantienen puentes de contacto abiertos y suministran información interesada pero valiosa. Ante un agente doble, la pregunta que corroe a uno y otro bando es  siempre la misma, saber a qué lealtad real sirve el espía. Es una pregunta que no tiene respuesta, y la respuesta carece de interés, porque el agente doble sirve a los dos bandos por un igual. En estas circunstancias, de enfrentamiento enconado, Duran y Lleida sirve a todos, y sobre todos, a si mismo.