El azar y la necesidad

Vía abierta a la sedición

Después de la impactante demostración de convicción, organización, disciplina y determinación de los participantes en la Vía Catalana del pasado 11 de septiembre, la actitud del gobierno de Rajoy, con la excepción de las declaraciones del ministro Margallo, ha sido la del avestruz, la de esconder la cabeza bajo el ala. La respuesta de Rajoy a la carta de Mas que ya se ha filtrado, ofreciendo negociar una mejora de la financiación, llega tarde, es ineficaz e insulta a la razón. El Gobierno del PP es y será incapaz de afrontar la única salida racional a la demanda de soberanía de la mayoría del pueblo catalán, la realización de una consulta, hasta que la dinámica de los hechos le sobrepase, pierda el control de la situación y se abra un conflicto en toda regla entre Instituciones.  La consulta, o el referéndum, es la única salida en una situación de desencuentro total, de posiciones no conciliables y lo es, entre otras razones, porqué es la única verdaderamente democrática, la que da voz a los verdaderos protagonistas del conflicto, a los ciudadanos,  y porqué abre una vía de colaboración entre el gobierno de España y el de Catalunya en el futuro, sea cual fuere el resultado de las urnas. Negar la posibilidad de la consulta es no dejar ninguna salida a la negociación  y abrir las puertas a la revuelta y la sedición, a la declaración unilateral de independencia sin consulta después de unas elecciones plebiscitarias, el peor escenario posible de los que se puedan plantear, el peor para las futuras relaciones entre España y Catalunya y para la estabilidad de la Unión Europea. Pero un acto de rebeldía  estará moralmente justificado si el gobierno del PP no autoriza el uso de las urnas en una consulta.

La sedición y la rebelión están amparadas por el derecho natural, tal y como lo entendieron en su día los americanos de las trece colonias en su lucha contra la Corona Británica, tal y como lo han entendido multitud de pueblos que han alcanzado la independencia en los últimos 200 años.  Los americanos encontraron en los escritos de Locke la base moral para su levantamiento:  "El pueblo retiene todavía el supremo poder de disolver o alterar la legislatura, si considera que la actuación de ésta ha sido contraria a la confianza que se depositó en ella. (...) y así el poder volverá a manos de aquellos que lo concedieron, los cuales podrán disponer de él como les parezca más conveniente para su protección y seguridad". El pueblo es el depositario de la soberanía, más allá de lo que diga la Constitución o las leyes que pueda imponer un gobierno. Si los catalanes, imposibilitados de ejercer su voto en una consulta, decidimos votar mayoritariamente opciones soberanistas en las próximas elecciones, el Parlamento que surja de las urnas estará legitimado para proclamar la independencia.