El azar y la necesidad

Rajoy contra el espíritu de la Ilustración

¿Por qué la ilustración surgió en Europa y no en otro sitio? Esa es una de les preguntas que Tzevetan Todorov, uno de los filósofos que más han profundizado en el estudio de la diversidad y la alteridad, se formula en "El espíritu de la Ilustración", un libro en el que autor explora las raíces humanistas del movimiento del siglo XVIII. Según Todorov en otras partes del mundo se habían dado pasos en la formulación y avance de un humanismo que anticipaba algunos de los referentes en que se basa la Ilustración. La China, por ejemplo, tuvo sus pensadores, una ciencia incipiente y bien estructurada, unos logros que, desafortunadamente,  no consiguieron consolidarse ni desarrollarse. Según David Hume, la causa del declive chino en el pasado se encuentra en la uniformidad, un gran imperio, una única lengua, unas leyes generales que colapsan el espíritu creativo de los individuos. Según Hume, la fuerza se halla más en la división que no en la unión, en la existencia de muchas religiones en lugar de una sola, de muchos poderes que compiten entre si: "Allí donde muchos estados vecinos llevan a cabo gran intercambio artístico y comercial, su envidia recíproca disuade a unos de tomar a la ligera la ley de los otros en materia de gusto y de razonamiento...". Eso obliga a ponerse en la piel del vecino para juzgarle como decía Rousseau: "Nada hay más natural que pensar poniéndose en el lugar de todos los demás seres humanos".

No hay un espacio humano más fragmentado que el continente Europeo y, a pesar de eso, o por esa razón, no existe un lugar en el mundo que haya alcanzado mayores cotas de libertad y prosperidad. Tenemos muchas cosas en común, pero aquello que nos da fuerza como europeos, aquello que nos hace europeos, es la diferencia y la división. Durante el siglo XX se han formado muchos nuevos estados, muchos de ellos como consecuencia del desmembramiento de los imperios centrales al final de la Gran Guerra, de la redefinición de fronteras que siguió a la Segunda Guerra Mundial, o de los estados que surgieron de la antigua Unión Soviética. Otros países han surgido mediante acuerdos refrendados, como Noruega o Eslovaquia, o por la fuerza de la lucha armada, como Irlanda. Todos ellos han sido reconocidos y todos ellos se reconocen entre si.

El hecho de que un grupo humano, -un país, una nación, una región-, quiera dotarse de instituciones y gobierno propios, no va contra la corriente de la historia, ni mucho menos contra el espíritu europeo, todo lo contrario. Impedir que dicho grupo humano, país, nación o región, pueda manifestar democráticamente su disposición o no a autogobernarse sí que es opuesto al espíritu ilustrado, y a los más elementales principios democráticos.  Rajoy y su gobierno con su decisión de impedir a toda costa la consulta del 9 de noviembre,  se están autoexcluyendo de Europa, de la Europa culta y libre,  la que nos legó la Ilustración, la que fomenta la diversidad, la que respecta la verdad y la autonomía del individuo, la que estimula el progreso y, en último término, la felicidad.