El día que el Parlamento Europeo pidió ayuda a Snowden

En marzo de este año, Edward Snowden contestó a las preguntas de los miembros de la comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo, que investigaba el alcance de sus megarrevelaciones. Snowden era el único que podía contestar y ayudar a la comisión a analizar todo lo ocurrido. Tras ser imposible una conexión vía teleconferencia por el riesgo de que fuera descubierto, Snowden detalló por escrito las actividades y motivaciones de la NSA y el resto de agencias de inteligencia estadounidenses en relación con la vigilancia masiva. Está es su presentación ante los miembros de la comisión.

«Me gustaría agradecer al Parlamento Europeo su invitación para dar testimonio por su investigación sobre la vigilancia masiva electrónica de ciudadanos de la UE. Los insospechados programas de vigilancia de la NSA, el GCHQ (servicio de inteligencia británico), y tantos otros que conocimos durante el año pasado ponen en peligro una serie de derechos básicos que, en conjunto, constituyen el fundamento de las sociedades liberales.

El primer principio que cualquier indagación debe tener en consideración es que, a pesar de la extraordinaria presión política para hacerlo, ningún gobierno occidental ha sido capaz de presentar evidencias que demuestren que tales programas eran necesarios. En los Estados Unidos, los directores de los servicios de espionaje reivindicaron que 54 ataques terroristas habían sido detenidos por la vigilancia masiva, pero dos revisiones independientes de la Casa Blanca, con acceso a las evidencias clasificadas en la que se basaba esa reivindicación concluyeron que no era cierto, como también hizo un Tribunal Federal.

Aquí es importante tener en cuenta los informes del Gobierno de los Estados Unidos. La más reciente de esas investigaciones, elaborada por la Agencia de Vigilancia de la Privacidad y las Libertades Civiles de la Casa Blanca, determinó que el programa de vigilancia masiva investigado no sólo era ineficaz –encontraron que nunca había detenido siquiera un inminente ataque terrorista– sino que no tenía base jurídica. En un lenguaje menos diplomático, descubrieron que los Estados Unidos estaban operando un programa de vigilancia masiva ilegal, y el mayor éxito que el programa jamás produjo fue descubrir a un taxista en suelo americano transfiriendo 8.500 dólares a Somalia en 2007.

Después de señalar que incluso este decepcionante éxito – descubrir la evidencia de una única transferencia bancaria ilegal – habría sido posible sin acumular datos a granel, la Junta recomendó que se terminara el programa de vigilancia masiva ilegal. Desafortunadamente, sabemos a través de informes de prensa que este programa todavía es operativo hoy en día. Creo que la insospechada vigilancia no sólo no nos hace seguros, sino que realmente nos hace más inseguros. Por malgastar recursos valiosos y limitados en “almacenarlo todo”, terminamos con más analistas tratando de dar sentido a la inofensiva disidencia política y menos investigadores siguiendo pistas reales. Creo que invertir en vigilancia masiva a expensas de los tradicionales métodos probados puede costar vidas, y la historia ha demostrado que mis preocupaciones están justificadas.

A pesar de las extraordinarias intrusiones de la NSA y los gobiernos nacionales de la UE en comunicaciones privadas de todo el mundo, Uma Fraouk Abdulmutallab, el “Underwear Bomber” (“Terrorista de la ropa interior”), obtuvo permiso para embarcar en un avión viajando de Europa a Estados Unidos en 2009. Las 290 personas a bordo no fueron salvadas por la vigilancia masiva, sino por su propia incompetencia, cuando erró al detonar el dispositivo. Cuando incluso en noviembre de 2009 el propio padre de Mutallab previno al Gobierno de Estados Unidos de que era peligroso, nuestros recursos estaban atados al seguimiento de videojuegos online y a pinchar a ministros alemanes.

Ese extraordinario chivatazo no valió para que Mutallab recibiera el seguimiento ni de un solo investigador norteamericano. Todo lo que le dimos fue un visado norteamericano. Ni siquiera el exhaustivo monitoreo del Gobierno de los EEUU a sus propios ciudadanos detuvo a los terroristas de Boston. A pesar de que los rusos nos alertaron específicamente sobre Tamerlan Tsarnaev, el FBI no pudo hacer más que una investigación superficial –aunque sí hicieron un montón de inútiles búsquedas por ordenador– y falló en descubrir la trama. 264 personas resultaron heridas, y 3 murieron. Los recursos que pudieron haber pagado por una investigación real habían sido gastados en monitorizar los registros de llamadas de todos los norteamericanos.

Esto no debería haber pasado. Trabajé para la CIA. La NSA. La Agencia de Inteligencia de Defensa.Amo mi país y creo que el espionaje es un servicio vital y debe continuar. Y he arriesgado mi vida, a mi familia, y mi libertad para contaros la verdad. La NSA me concedió la autoridad para monitorizar comunicaciones en todo el mundo utilizando sus sistemas de vigilancia masiva, incluyendo dentro de Estados Unidos.

He espiado personalmente a individuos usando esos sistemas bajo la Orden Ejecutiva 12333 del Presidente de los Estados Unidos y la FAA 702 del Congreso de los EEUU. Conozco lo bueno y lo malo de estos sistemas, y lo que pueden y no pueden hacer, y os digo que sin levantarme de la silla, podría haber leído las comunicaciones privadas de cualquier miembro de este comité, así como de cualquier ciudadano ordinario. Juro bajo pena de castigo que es verdad. Estas no son las capacidades en las que las sociedades libres invierten. La vigilancia masiva viola nuestros derechos, arriesga nuestra seguridad, y amenaza nuestro modo de vida. Si incluso el Gobierno de EEUU, después de determinar que la vigilancia masiva es ilegal e innecesaria, continúa operando para participar en la vigilancia masiva, tenemos un problema.

Considero que el Gobierno de los Estados Unidos es responsable y espero que ustedes coincidan conmigo. En consecuencia, esto plantea la pregunta que muchos órganos legislativos implicados en la vigilancia masiva han buscado evitar: si incluso EEUU está dispuesto a violar a sabiendas los derechos de miles de millones de inocentes –y digo miles de millones sin exagerar– por nada más sustancial que una “potencial” ventaja en inteligencia que nunca se ha materializado, ¿qué van a hacer otros gobiernos?

Nos guste o no, las normas internacionales del mañana se están construyendo hoy, justo ahora, por el trabajo de órganos como este comité. Si los Estados liberales deciden que la comodidad de los espías es más valiosa que los derechos de sus ciudadanos, el inevitable resultado serán Estados que son menos liberales y menos seguros.

Gracias».