Opinión · El sótano del indio

Zoo: “Quiero que la música de izquierdas haga bailar a más que a cuatro convencidos”

Ha sido complicado coordinarse para esta entrevista pese a ser telefónica. Mi caos generalizado y su ajetreada vida de músico nos han impedido hacer la entrevista  encontrar el momento para ejecutar la que será la primera entrevista de este espacio. Llegó el día. Toni Sánchez (Panxo) es el líder de Zoo, un grupo musical valenciano que existe apenas hace dos años. Uno de sus vídeos promocionales pasó por La Tuerka Rap sin que me llamara mucho la atención. Hoy no me pierdo ni loco un concierto suyo, si tengo la suerte de coincidir en la misma ciudad con ellos. Panxo sabe que le entrevista un fan, y que mi peloteo puede hacer que se le escape algún elogio hacia sí mismo, así que mide sus palabras para mantenerse alejado de la imagen del músico creído.

A los que venimos de la tradición conservadora y absurda de no bailotear en los conciertos nos cuesta calificar el estilo de Zoo. ¿Cómo lo defines tú?

Yo lo defino normalmente como rap electrónico, o incluso rap electro-orgánico. Es lo que se entiende normalmente por música electrónica, pero un poco más rápida que el rap de toda la vida. Hay temas que parecen techno… Siempre con una base vocal rapeada. Lo de orgánico viene porque metemos instrumentos en los directos.

Pensaba que tenía que ver con Manolo Monereo…

Sí, también [risas]. El otro día definió a Ciudadanos como “el intelectual orgánico del IBEX 35”.

Lo estáis petando mucho… ¿Habéis dado con una especie de clave secreta?

Es que eso suena un poco raro. Suena a dar con una fórmula.

Como si lo hubieras estudiado.

Claro. Creo que funciona porque la gente ha visto algo nuevo, aunque me da rollo decir que hemos hecho algo novedoso porque no hemos inventado nada.

No es tu primer proyecto musical, eso tendrá que ver…

No, claro. Pero sí es verdad que los anteriores (Riot Propaganda, Orxata Sound System) no eran proyectos míos, sino que me incorporé después como músico. Sí, había tenido un proyecto mío de rap que iba a remolque de todo lo que se estaba haciendo. En éste (Zoo) quise hacerlo a mi manera e intentar algo diferente sin ser pretencioso. Quería hacer rap y mezclarlo con esa energía electrónica que hemos mamado mucho aquí, en el País Valencià, por la famosa ruta del bakalao. En los conciertos de rap siempre he echado de menos bailar. También porque como oyente vengo de la tradición del punk rock, y echaba de menos bailar, cagarme en la hostia y decir lo que me apeteciera decir. La herramienta que tengo para expresarme es el rap, porque lo he hecho siempre, es lo que me gusta, y como no sé leer partituras ni tocar instrumentos… Tampoco quiero saber qué es lo que hace que nuestra música funcione, porque el día que lo sepa…

Lo mismo lo intentas y no…

Exacto. Intentaría hacerlo a conciencia. Diciendo: “Esto es lo que funciona” y de repente, no funciona.

Una vez me contaste que Zoo fue una especie de ultimátum.

Me lo puse yo. Por una cuestión biológica [risas]. Tengo 33 años, ya no tengo 20, siempre me ha encantado hacer canciones y siempre me había hecho ilusión tener un proyecto musical que me permitiera no estar en el bar poniendo cervezas, por ejemplo. También entendía que no se puede estar toda la vida así, y para mí mismo pensaba que si esto no salía pues ya está, guay.

Seguramente hubiera seguido haciendo cosas. Tengo un amigo que siempre me dice que él ha dejado el rap 20 veces en su vida. 20 veces en las que ha llegado a casa y ha dicho: “Lo dejo”, pero si al final esto te gusta, lo haces aunque no te puedas ganar la vida con ello.

A nivel de querer convertir la música en mi oficio, era mi última intentona. Me apetecía mucho hacerlo, pero me lo propuse así, vaya.

Vuestro primer concierto en Madrid fue en la Sala Independance. Os falló el ordenador, ¿te acuerdas de aquello? Noche dura.

Sí, eso fue muy duro, porque era la presentación en Madrid, y fue la primera vez que nos pasó eso. Nos ha pasado dos veces en 70 conciertos, aquella fue la primera, y en fin… Es uno de los handicaps de la música electrónica.

Ni tan mal, la siguiente en Madrid fue en Vallekas, aunque Vallekas is not Madrid.

¡Volvimos a la capital! La verdad es que en Madrid muy bien, estamos muy contentos por cómo ha ido todo allí. Para un grupo que habla en lengua extranjera es brutal, porque también se te cae esa imagen de lo que a veces parece que representa Madrid, esa percepción que se tiene en Madrid sobre los otros pueblos o naciones del Estado… Y si vas allí, y ves que la gente no sólo lo acepta, si no que les mola (y lo cantan), pues eso mola. Eso es normalizar y es lo que uno espera.

A mí me dio la sensación de que una sala de Madrid llena cantando esas cosas en valencià tiene que ver con la hegemonía.

Sí… Hace poco tocamos en Sant Celoni y leí al día siguiente un tuit de alguien que hablaba de Zoo como un grupo que representa un poco la hegemonía en el sentido de que es un grupo en el que estamos reivindicando a Hugo Chávez o nos cagamos en la represión que se sufre en el Estado Español y, de repente, estamos tocando y la gente se acerca, baila… Eso es importante, que la música contestataria o de carácter político de izquierdas consiga hacer bailar más allá de los cuatro convencidos. A mí por lo menos me encanta ver eso.

Zoo

¿Es un problema tener letras politizadas o la situación acompaña? Como decías, hacéis algún guiño que os reprocharía Eduardo Inda.

Claro. A veces me lo pregunto, si ahora de repente, por decir algo, gana Podemos… O si ahora de repente, aquí nos independizamos… Nos vamos a quedar sin curro, porque no podremos cagarnos en el enemigo… Habremos ganado.

A mí me pasa un poco lo mismo…

Tú también, que de alguna manera curras en la trinchera… Si algún día ganamos…

Ya no habrá de qué protestar.

¡Claro! O sí… Cuando escribo, siempre intento hacer letras que hagan pensar o que, al menos, piense yo sin más. Pero tampoco es que me guste reproducir lemas tal cual salen de las manifestaciones. Lemas que quizá dentro de seis meses ya no están. Quizá al venir del rap me gusta buscarle un poco más las líricas.

Zoo

¿Tiene algo especial el País Valencià para que haya tantas bandas reivindicativas? En Catalunya pasa algo similar…

Sí. La verdad es que el País Valencià es muy especial, para bien y para mal. Creo que el nivel de mangoneo y de facherío ha sido tan a lo bestia que, al final, eso por alguna parte tenía que salir. Y una de las partes por las que ha salido ha sido por la música. La magnitud de la derrota de la izquierda en el País Valencià fue tan grande a partir de los 90, que al final eso tenía que canalizarse por algún lado. Desgraciadamente ha sido a través de la música, y digo desgraciadamente porque ojalá hubiéramos sido capaces de organizar una respuesta a nivel político un poco antes. Parece que ahora se mueven un poco algunas cosas. Ellos han caído porque, de tanto robar, tenían que caer en algún momento.

Ya estaba bien.

También es verdad que aquí hay una tradición musical muy grande a nivel de música popular. En cualquier pueblo hay una banda de música y cualquier chaval de doce años toca de puta madre los instrumentos. Me refiero a bandas de calle. Música de calle y tradicional. Eso también es una realidad que fuera no se conoce tanto. El País Valencià es un país muy musical y, a parte, tenemos la suerte de tener algunos referentes como por ejemplo Obrint Pas, que fue el primer grupo hegemónico dentro de la música contestataria dels Països Catalans.

Estoy encontrando algún paralelismo. A mí me fascinaba cómo en aquella época Obrint Pas tocaba en todas partes, en todas las fiestas mayores… Me da un poco la sensación de que Zoo está recogiendo ese testigo.

Sí, no sé… Pensar que hace unos años el embajador de la música rebelde de los Països Catalans era un grupo de Valencia, conforme estaba Catalunya en ese momento, y el País Valencià hundido en la mierda… Nosotros dijimos “joder, que podemos trascender, que no estamos tan mal”. Hace diez años Obrint Pas estaba tocando en Japón, Ecuador, EEUU, Cuba… Y no había ningún grupo catalán de ese rollo que estuviera llevando nuestro mensaje tan lejos. Eso también nos abrió a muchos ese camino. Ha salido como una hornada muy grande que por suerte también se ha diversificado mucho estilísticamente. Y ahí estamos, con esa carrerilla. A ver lo que dura.

¿En qué punto estáis ahora? Lleváis un tiempo girando con el disco. Recuerdo haber ido a mi pueblo (Blanes) en verano y preguntar por qué no tocábais. Me respondieron que no teníais fechas libres… ¿Hacia dónde va esto?

Hacia un nuevo disco ya, porque el ciclo de éste disco se agota. El año pasado fue la eclosión del proyecto. Hicimos 70 bolos en un año. Este año lo hemos planteado para hacer un poco menos de la mitad y empezaremos a preparar el disco. De hecho ya estamos en ello. A mediados o finales de agosto pararemos definitivamente y nos meteremos a saco en el local y en el estudio hasta que esté el disco. Esperamos que sea antes de que acabe el año, pero prefiero no hablar de fechas.