Los que son algo menos

El PSOE ha decidido que se dispone a cerrar el ciclo de las reformas estatutarias con siete llaves, como Costa quería clausurar el sepulcro del Cid.

Según anuncia a sus confidentes, también quiere propiciar a breve plazo la ilegalización de ANV y el PCTV, astuta medida destinada a que una parte considerable de la población vasca (minoritaria, pero considerable) se quede sin representación democrática, de modo que la olla a presión carezca de válvula.

A la vez, ha rescatado de su fingido ostracismo a José Bono, que no ha perdido un segundo en hacer profesión de fe de su fe y en mostrar que a él lo que le va es el “¡Santiago y cierra España!”. Parece que quieren ponerlo como presidente del Congreso de los Diputados. Qué gran idea.

Para completar el sofrito, Zapatero ha tenido a bien anunciar que, si gana en las próximas elecciones, su política económica será cosa de Solbes, no sé si con Rato o con Cuevas como consejeros áulicos (aunque Antonio Gutiérrez tampoco desentonaría).

En materia internacional también está que se sale: últimamente, las estrellas invitadas de su Gobierno son Sarkozy y Mohamed VI. Modélicos ambos, cada cual en su especialidad.

No hago este inventario para quejarme (que también) sino, sobre todo, para llamar la atención sobre los emblemas que el PSOE está enarbolando de cara a las elecciones inminentes. Cada vez se acerca más a los del PP. Sus motivos de fricción son de entidad muy menor. ¿La Conferencia Episcopal? Sólo porque la propia Conferencia Episcopal se empeña en ello. ¿Educación para la ciudadanía? ¡Pero si han dejado la asignatura en nada! ¿El aborto? Ya han descartado la reforma racional de la ley. ¿La defensa del pueblo saharaui? ¿El 0,7%? ¿La oposición a los planes imperiales de Washington? Nada de nada.

El programa que los dirigentes socialistas presentan a las elecciones es como el del PP, sólo que algo menos brutal: algo menos clerical (con permiso de Bono), algo menos hostil a “la periferia”, algo menos entregado al diktat de Washington… Su plan es pedirnos que les votemos sólo por eso: porque ellos son algo menos.
Pero el asunto no consiste en ser algo menos, sino otra cosa.