El dedo en la llaga

¿Qué extranjería?

Cuando se habla de extranjeros en España, el personal piensa de inmediato en los inmigrantes llegados de la Europa del Este o de África, Asia y América Latina en busca de trabajo. Casi nadie tiene en cuenta que en nuestras zonas de clima más bonancible (las del Mediterráneo, el Atlántico sur, Baleares y Canarias) habitan de modo permanente más de un millón de personas procedentes, casi todas ellas, de la Europa fría, Noruega y Suiza incluidas. Son, por lo común, jubilados a los que les trae cuenta vivir aquí, tanto por razones de salud (el clima les favorece) como económicas (se ahorran una pasta en calefacción).

Habitan en urbanizaciones y zonas residenciales alejadas de los núcleos urbanos y en ellas imponen sus costumbres de todo tipo, incluyendo las lingüísticas. Si alguien les dice que puede salir una ley que obligue a los extranjeros residentes a aprender español, les entra un ataque de risa. Conozco una gran urbanización de ese tipo, de unos 5.000 habitantes, en la que es imposible desenvolverse sin saber inglés.

El consumo que hacen de servicios municipales es brutal. En agua, para empezar, porque raro es el británico o nórdico que renuncia a tener su piscina y su porción de césped. Añadamos las necesidades que plantean en materia de alumbrado público, gestión de basuras, asfaltado y mantenimiento de accesos... Por supuesto que pagan sus impuestos (morosos aparte), pero hay bienes, como el agua, que son limitados y no dan ni para tantos ni para todo.

Dice Arias Cañete que las urgencias hospitalarias "están colapsadas por los inmigrantes". Pero ¿qué quiere? ¿Que trabajen y aporten riqueza a las arcas del Estado pero se queden en su casa cuando enferman? Los hospitales de las zonas de turismo residencial están también en precario, pero éstos por otra razón añadida: la mayoría de los residentes extranjeros son personas de edad avanzada, más propicias a enfermar y a sufrir accidentes domésticos, y tardan más en curar que los inmigrantes jóvenes. Ocupan la tira de camas.

Pero el PP no está pensando en ellos. Cuando dice que para vivir en España es necesario integrarse y aprender el español, apunta sólo a los pobres.