Las circunstancias particulares

Los Libros de Estilo que elaboran los medios de comunicación suelen advertir a los periodistas de que, cuando redacten una noticia en la que mencionen a alguien que ha sido acusado de un acto inadecuado o delictivo, eviten aludir a circunstancias personales que sean innecesarias para comprender el hecho relatado.

Así enunciada, la norma puede parecer complicada, pero es sencilla. Se trata de no animar a los lectores a pensar que hay circunstancias (casi siempre de origen geográfico y étnicas) que propician la delincuencia. Ejemplo: un titular que dice “Detenido un inmigrante por la violación de una menor” es inaceptable, porque contribuye a que la opinión pública asocie las ideas de inmigración y violencia sexual. (Dicho sea de paso, esta advertencia sería superflua si no hubiera periodistas que ya tienen asociadas ambas ideas en su subconsciente. Jamás me he topado con ningún titular que diga, pongamos por caso, “Detenido un presunto violador de 1,73 de altura y oriundo de Albacete”.)

Lo peor de los Libros de Estilo no es que casi ningún periodista los consulte nunca sino que sean un instrumento constrictivo destinado en exclusiva a los redactores de base; no a los jefes, que están autorizados a hacer lo que les viene en gana, porque para eso son jefes. Lo ratifiqué hace pocos días leyendo en un periódico una noticia de primera página en la que se contaba que el Gobierno de Rabat ha retirado a su embajador en Italia para protestar por la condena que le ha sido impuesta a un senador marroquí, conocido -se decía- porque es “uno de los que más reivindican Ceuta y Melilla para su país”. Ya. ¿Y cuál es la relación entre lo uno y lo otro? ¿A qué viene citar esa posición política suya, en concreto? ¿Por qué no escribieron que es conocido también por su entusiasmo por la Monarquía española?

Hay muchos partidarios de que Ceuta y Melilla se integren en Marruecos que jamás han violado a nadie. Y hay violadores que defienden con el máximo ardor patrio la españolidad de Ceuta y Melilla.

Del mismo modo que hay algunos que mezclan los culos y las témporas haciendo como si lo suyo fuera periodismo objetivo.