Wilco sí, pero…

Lo de Wilco empieza a ser una religión. Cada vez que vienen de gira, sobrevuela un comentario unánime que los eleva a condición de dioses. Cuidado.

Wilco es un grupo con una obra maestra, un disco sobresaliente y otros cuatro álbumes dignos (sin contar los ‘Mermaid Avenue’ con Billy Bragg). Si sus tres primeros discos pasaron desapercibidos no fue por casualidad, sino porque eran discos convencionales, quizá rozando el notable, pero no lo suficientemente potentes para saltar el Atlántico y mucho menos para destacar entre el pelotón de bandas que pusieron de moda el alt-country.

Pero llegó ‘Yankee Hotel Foxtrot’ y, ahí sí, Jeff Tweedy y el malogrado Jay Bennett -no conviene olvidar a este último- le dieron una vuelta de tuerca al sonido del grupo y elevaron su propuesta a un lugar distinto. Hicieron un disco de rock de espaldas al rock, sin sus herramientas tradicionales, buscando espacios a base de vaciar las canciones.

El salto, arriesgado, funcionó. A la producción, exquisita y sofisticada, se le unió su mejor colección de canciones. Un disco de 9. Una joya que aguantará el paso del tiempo.

Sin ese disco, Wilco no estarían donde ayer estuvieron, llenando el teatro Calderón de Madrid a 70 euros la butaca, con todas las localidades agotadas desde hace semanas. Un buen pellizco.

Fue un gran concierto de rock, dos horas intensas, con su ración de píldoras melódicas y coloridas -cada vez más ecos de los Beatles-, ramalazos dosificados de experimentación y, al final, descargas de sudor.

Sin embargo, en dos horas de concierto Wilco enseña rotos, que los tienen, que están ahí, a la vista de todos. Estos son algunos:

Muchas de sus canciones son buenas, pero no brillantes. Hay mucha medianía en su repertorio, empezando por su nuevo single, ‘Wilco (the song)’, y terminando por temas como la insulsa ‘Handshake drugs’ o la anacrónica ‘Walken’. Incluso canciones consideradas como ‘hits’, como ‘A shot in the arm’, resultan más efectistas que sustanciosas.

No han sabido llevar sus canciones más experimentales al directo. La versión en vivo de ‘War on war’, que ayer no tocaron, nunca estuvo a la altura del disco, mientras que con ‘Kamera’ ni se atreven (les he visto seis veces y nunca la han tocado). Una de las pocas que funcionan es ‘Spiders’, aunque la coda final es un poco verbenera y cuando la tocaban con el sampler del disco sonaba más hipnótica, penetraba más. El resto de descargas de ruido y el empleo de cachivaches, me parecen pastiches que más que expandir el sonido del grupo lo embarullan (lo de ‘Via Chicago’ es un incomprensible asesinato).

Su intención de hacer un concierto en crescendo me parece desacertada: empezar lentos a base de medios tiempos y baladas y terminar con su repertorio más rockero hace que al concierto le falte dinamismo, matices, quiebros. Y la primera parte puede llegar a aburrir.

Por último, se echó de menos más riesgo en el repertorio. Sólo tocaron tres canciones de su nuevo disco, que se pone a la venta a finales de junio, pero que ya hemos escuchado todos (bien sea a través de su web o descargando una copia de las que circulan por la Red). El resto de canciones era material bastante escuchado en sus anteriores visitas a España. Muy manido.

Si a alguien se le ocurre alguna otra crítica, que hable ahora o calle para siempre. ¿O estoy solo en medio del desierto?

Yo me voy al Primavera Sound. El domingo prometo un balance.