El detonador

PJ: una, grande y libre

Se ha hecho pequeña, pero su efecto no se ha apagado. PJ Harvey vio que para crecer debía encogerse, atrapar su sonido en el puño y dejarlo salir lentamente entre los dedos, no atizarnos, como solía hacer.

Podía haber elegido otros caminos o seguir por el mismo, pero optó por la conversión a lo frágil, proceso crítico para todo músico, pero casi siempre necesario cuando se alcanza una edad.

Primero fue ‘White chalk’, un nebuloso tratado de canción de autor oscura en tiempos de economía de guitarras, y ahora (hace ya unos meses) es ‘Let England shake’, un disco con otras coordenadas, pero que continúa el camino de búsqueda de la emoción a partir de una tensa contención.

En medio, la transición: su disco a medias con John Parish (‘A woman a man walked by’), que también produce aquí.

‘Let England shake’ retrata la decadencia de un imperio construido a base de mentiras y explotación y sostenido por las vidas perdidas de sus jóvenes. PJ Harvey se guarda las miradas amables para sus seres queridos, se gira alrededor en el tiempo y en el espacio y, emocionada y emocionante,  explica con crudeza y sequedad el desconcierto que le produce vivir en un país como el suyo, que igualmente podría ser el nuestro.

Equilibrado, pero riquísimo. Épico y desbordante desde recursos mínimos. Harvey y Parish tejen tramas de guitarras atmosféricas, percusiones apagadas pero intensas, arreglos de orfebrería (marimba, vientos, coros matemáticos…) y samples descolocados, sobre los que flota punzante y vigorosa la voz profunda de la cantante.

Las canciones hacen el resto: ‘The glorius land’ a toque de corneta, hipnótica y delicadamente abrasiva a partes iguales; ‘The last living rose’, el momento más pop, construida con paciencia artesanal; ‘In the dark places’, con un final-clímax escalofriante; ‘Bitter branches’, donde se permite un arrebato de contundencia y rabia; ‘Hanging in the wire’, balada celestial que levita sobre pianos y voces susurrantes…

Puede patinar un poco en la urbana ‘Written in the forehead’, único resbalón de un álbum capaz de engullirte durante unas cuantas semanas, lo que no es poco.