El detonador

Destripando a Amy

http://youtu.be/UMPBTDneqQk

Amy Winehouse era quien era y podía hacer con su vida lo que libremente quisiera. Sin embargo, como tantas otras veces, los medios de comunicación, especialmente los tabloides británicos, pero no solo ellos, exprimieron al máximo los descalabros vitales y emocionales de la cantante sin ningún tipo de pudor durante toda su carrera.

Recuerdo una entrevista en la que Jeff Tweedy, cantante de Wilco, criticaba el tratamiento de los medios de la drogadicción y los episodios de delincuencia de Pete Doherty. Estoy de acuerdo con él: en casi todas esas informaciones, hay una ausencia dolorosa de la tragedia que puede esconderse detrás del personaje, una banalización de los hechos y las situaciones que solo puede tolerarse desde la información-espectáculo.

Tanto Winehouse como Doherty (sobre todo este último) le deben su popularidad, en gran parte, a aparecer una y otra vez en los periódicos protagonizando su penúltima penosa aventura (en el caso de Amy, ya no habrá penúltima). Dos artistas sobresalientes, pero cuya fama se debía a otros motivos. Dudo mucho que un periódico le diera una página a Pete Doherty con motivo de su gira española si no fuera por su continua exposición extramusical.

El día de la muerte de Winehouse, un colega de profesión dijo que esperaba que los medios no trataran el tema como una tragedia mayor que cualquier otra muerte. Yo opino justamente lo contrario: morir con 27 años, tras padecer varias depresiones, enganchada al alcohol y a las drogas y encima sufriendo el escarnio público cada vez que salía de casa es claramente una tragedia mayor que otras muertes.

Al final, la tragedia de una vida es no vivir en libertad, lo que uno decide vivir. Sólo hay que ver las imágenes del concierto de Belgrado para comprobar que Winehouse no debía estar sobre el escenario en ese momento.

Alimentar el morbo de la audiencia explotando la intimidad y la desgracia ajena es una actividad denigrante a la que, por desgracia, ya nos hemos acostumbrado. Yo no veo la tele desde hace diez años, pero hace dos semanas vi unos minutos de 'La noria' y de 'Mujeres, hombres y viceversa' y me revolvieron el estómago, por no decir que sentí asco, vergüenza ajena y, sobre todo, pena.

¿Es teatro? A veces, no. A la gente le divertirá, pero, ¿a costa de qué?