Elisa Serna

Civismo, altura de miras y sentido de Estado

 

José Luís Rodríguez Zapatero, del PSOE,

Presidente del Gobierno de España y de Europa

 

 

 

Hay momentos en que la altura de miras y el sentido de Estado llaman a la conciencia cívica, la autoestima, la confianza en nosotros mismos, en nuestras potencialidades y en los representantes del Gobierno que nos dimos en las últimas elecciones legislativas.

José Luís Rodríguez Zapatero, que encabeza la nomenclatura socialista, preside ya la Unión Europea. El presidente rotativo, que tenía el turno habitual de seis meses, el sueco Fredrik Reinfeldt, le hizo entrega anteayer, solemnemente, aún sin alharacas, pero acompañados por el duende flamenco de María Pagés y el talento clásico de Tamara Rojo, genios ibéricas ámbas, en el Teatro Real de Madrid, de una pequeña urna conteniendo los dos grandes símbolos - la bandera de Europa y el Tratado de Lisbóa - de una Unión de países, tesoneramente trenzada, contra las posiciones aislacionistas de países europeos que, finalmente, han comprendido que "Juntos" podemos afrontar mejor la crisis económica, política, cultural y social que atraviesa Occidente y el mundo, nacida – como sabemos - desde los circuitos integrales que los codiciosos financieros, los neocons neoliberales, codiciosos causantes -ante nuestras narices – de que el sistema económico cortocircuite, haga crak y la pregunta sería ¿cual es su victoria?

 

Coincidiendo con la carta a los reyes magos, cada sector hemos expresado las prioridades que, en su virulenta emergencia, nos alteran más la conciencia. Los sindicatos piden que sea el empleo y la lucha contra la precariedad, la pobreza, el objetivo fundamental de nuestro presidente rotativo en Europa. Para la Patronal sin embargo es el despido libre su máxima aspiración, mal disimulada.

Para artistas, intelectuales y cibernautas, el presupuestado y difusión de las filosofías materialistas y las artes, la presidencia española de Europa, supone su aspiración preferente. Un pacto europeo por la educación pública, la cultura, es el sueño de modernidad que la inteligencia española, la de verdad, aguarda y hemos tal vez de impulsar, con desparpajo.

Maria Pagés, bailaora

Para otros que el catolicismo y el derecho canónico sea la seña de identidad de Europa, les parece transcendental y lo anteponen al Tratado de Lisbóa y la Carta de Derechos Fundamentales que veremos desplegar en los próximos meses. Sin embargo, en su antónimo, los partidarios de presupuestar mejor las areas y los convenios multilaterales de las diferentes ciencias, parece que traduce mejor los vientos de la historia. Lentos pero sin descanso, como los astros, que muchos de ellos observan, estudian e investigan los científicos de todas las áreas del saber y las artes, para mayor gloria y bienestar de la Humanidad

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El Ilustre neurofísico D. Santiago Ramón y Cajal

Galileo Galilei y Albert Einstein

 

No se debería, a mi juicio, dejar pasar el periodo transicional, de transformaciones estructurales que afronta Europa, en el periodo rotativo español, sin que el Parlamento Europeo y el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, estudien si existe consenso para no olvidar, recordar la existencia en el territorio de Europa de algún Estado Absolutista, ante el que actuar en consecuencia homologándoles al sistema democrático europeo, porque ese atavismo podría ser una patología altamente peligrosa para la salud mental, democrática, cívica, pública de unas ciudadanías en pié de apoyo positivo, aun crítico, a la presidencia de una Unión que se declara laica.

Entre sus países, la Grecia de los siete sabios, la Alejandría de Hipátia, la España de las Tres Culturas, la Francia de la revolución de 1898 o la soviética de 1917, son los modelos que atravesando los siglos, nos pueden seguir orientando el sentido de las apasionantes transformaciones que se producirán en Europa, en una confrontación, pacífica, dialéctica, en los medios, en la calle, que siempre resolverán el voto y la palabra, las urnas, con civismo, altura de miras, sentido de Estado, equilibrio

 

Madrid, 9 de Enero 2010, 19:39 h

Elisa Serna