El mapa del mundo

Al Zaidi o la fuerza simbólica de un zapato

MARCO SCHWARTZ

El zapato que el periodista iraquí Montazer al Zaidi arrojó el domingo pasado a George W. Bush se ha convertido ya en un icono, solo comparable por su impacto mediático con el calzado que se quitó el líder soviético, Nikita Jruschov, para aporrear su pupitre en 1960 durante un debate en la ONU sobre la descolonización. No sorprendería que algún día apareciera el zapato de Al Zaidi en una subasta de Sotheby’s, al igual que las numerosas piezas arqueológicas desaparecidas durante y después de la ocupación de Irak.

Se podrá reprochar al periodista que con su acción haya excedido las funciones de un informador, que exigen rigor y desapasionamiento ante la noticia. De manera más genérica, hay quienes podrán censurar su actitud irrespetuosa hacia un mandatario. Con independencia de si se comparte o no la reacción del Al Zaidi, lo que resulta incuestionable es que no ha obedecido a un capricho repentino o a un vano afán de notoriedad, sino a un rencor profundo contra el promotor de la ocupación ilegal de Irak, que ha dejado decenas de miles de muertos. Y de la que Bush –que ayer insistía en Afganistán en las virtudes de la denominada "guerra contra el terror"– no ha dado señales de arrepentimiento.

En próximos días aparecerán seguramente informaciones presentando a Al Zaidi, actualmente bajo arresto, como un desequilibrado, un resentido o un nostálgico del régimen de Sadam. Sin embargo, sin necesidad de recurrir a coches bomba ni atentados suicidas, su protesta lo ha convertido ya en un héroe para miles de iraquíes, que ayer mismo se manifestaban agitando zapatos contra las fuerzas de ocupación.

Y ya hay decenas de abogados que se están disputando su representación en la causa judicial que se ha abierto en su contra. Es evidente que algo no se ha hecho bien en Irak para que un zapato importe tanto.