El mapa del mundo

La gran banca coge el rescate y corre

CARLOS ENRIQUE BAYO

Ningún banco accedería a conceder un crédito importante sin conocer exactamente a qué se va a dedicar el dinero, como bien sabemos todos los que hemos tenido que presentar presupuestos oficiales para conseguir unos pocos miles de euros. Pero la gran banca cree estar exenta de esa norma básica, pues ahora se niega a revelar en qué se está gastando los cientos de miles de millones que le han sido adjudicados, a cargo de los contribuyentes, para que pueda salvar sus muebles tras el incendio económico mundial que ella misma ha provocado.
Hace una semana, la agencia Associated Press se puso en contacto con los 21 bancos estadounidenses que ya han recibido, cada uno, más de mil millones de dólares de los fondos públicos destinados por la Administración de Bush al rescate del arruinado sistema financiero internacional. Sólo quería saber cuatro cosas: ¿Cuánto de lo que han recibido se han gastado ya? ¿En qué lo gastaron? ¿Qué cantidad piensan ahorrar? ¿Qué planean hacer con el resto?
Ni una sola de esas entidades bancarias consintió en dar respuestas específicas a esas preguntas. Algunas incluso alegaron ignorar adónde ha ido a parar el dinero que les ha sido concedido. Otras fueron más sinceras. Como JP Morgan Chase, que ya ha recibido 25.000 millones del fondo de emergencia, cuyo portavoz, Thomas Nelly, respondió: "No vamos a rendir cuentas sobre ello, ni vamos a hacerlo público. Rehusamos hacerlo. Eso es lo que hemos decidido".

Fantástico. Así que no sólo se quedan con el dinero de los impuestos para engrosar sus balances privados, sino que también ocultan esas operaciones y además lo proclaman sin tapujos. Al mismo tiempo, pretenderán que los ciudadanos confíen en que se dará buen uso a los 700.000 millones de dólares (equivalentes a la economía de un país como Holanda) que les concedió el Congreso, tan presionado por la Casa Blanca ante la urgencia de la situación que no previó controles sobre su destino.
Los congresistas han convocado a los banqueros más importantes de EEUU y les han implorado que hagan circular esa inmensa suma, concediendo créditos por los que cobrarán sus buenos intereses, para que los consumidores puedan volver a gastar y saquen al país de la recesión. Pero nada impide a los bancos que la utilicen para acumular capital, repartir bonus corporativos y prebendas a sus ejecutivos, o adquirir otras entidades cuyas acciones se han desplomado y no han recibido parte de esa subvención estatal. Incluso podrían estar reinvirtiéndola en una nueva pelota de fondos de alto riesgo como los que nos han llevado al abismo, en la esperanza de tener un golpe de suerte que les vuelva a hacer financieramente todopoderosos.
En cualquier caso, sólo podemos sospechar lo que está ocurriendo, ya que encima gozan del privilegio de no dar explicación ninguna de lo que hagan con el dinero público en sus negocios privados.
Pero podemos guiarnos por su comportamiento en la colosal estafa piramidal de Bernard Madoff, ex presidente de la bolsa Nasdaq ("El mercado para los próximos 100 años", dice su propaganda) que ha reconocido un fraude masivo de unos 50.000 millones de dólares. Ahora, las grandes entidades financieras que cobraron fuertes comisiones por entregarle el dinero de sus clientes, sin verificar qué estaba haciendo con él, alegan que también son víctimas del delito para no hacerse responsables de las pérdidas de aquellos que les confiaron sus ahorros.
Aunque la madre de todas las estafas ha sido el desplome simultáneo de todos los mercados de valores del planeta, cuyos inversores han perdido en los últimos nueve meses la astronómica cifra de 28 billones de dólares (casi el doble del PIB de Estados Unidos) porque toda la ingeniería financiera sobre la que se sustentaba el sistema ha resultado ser un timo. Ahora, hay que pagarles a sus autores un rescate astronómico, porque somos rehenes de ese entramado. Y nuestros gobernantes están de acuerdo en recompensar a los chantajistas con el dinero de sus víctimas.