El mapa del mundo

Los terroristas siempre son los otros

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[Ruinas de la American Internacional School tras el ataque israelí. AFP]

El Ejército israelí es "el más moral del mundo", ha dicho en repetidas ocasiones el primer ministro, Ehud Olmert. Será por eso que el pasado 3 de enero su aviación destruyó el mejor colegio de Gaza, que responde al sospechoso nombre de American International School. El edificio de dos plantas quedó completamente destruido. No fue suficiente. Días después, tanques y bulldozers israelíes se presentaron en el lugar para terminar el trabajo. La pista de baloncesto fue una de sus últimas víctimas.

La destrucción del colegio es un símbolo, no el más grave, de la credibilidad del Gobierno israelí cuando responde a las acusaciones de crímenes de guerra y sostiene que su lucha es "contra el terrorismo". La American International School tiene un programa escolar para sus 230 alumnos similar al de un colegio norteamericano y sus clases se imparten en inglés. Es el más caro de Gaza y hasta la toma del poder por Hamás una bandera de EEUU ondeaba en uno de sus edificios. Niños y niñas comparten clase en las mismas aulas. En cierto modo, es un símbolo de Occidente y de ahí que hubiera sufrido en años anteriores ataques protagonizados por radicales islámicos.

Los gobernantes israelíes se niegan a aceptar la responsabilidad sobre acciones como ésta ni siquiera cuando vulneran directamente el derecho internacional. Por eso, han reaccionado perplejos ante la decisión de un juez de la Audiencia Nacional de admitir la querella contra un ex ministro de Defensa y siete ex altos cargos militares por el ataque de julio de 2002 en el que murió el líder del brazo armado de Hamás, Shalah Shehade, y otras 14 personas, civiles inocentes.

Lo llaman inaudito e increíble. "Es absurdo. Israel está luchando contra criminales de guerra ¿y ahora nos acusan de ser unos criminales?", dice Netanyahu. Es la lógica de la política israelí. Los milicianos palestinos matan a civiles israelíes y eso les convierte en terroristas. Los militares israelíes matan a civiles palestinos y se supone que la culpa es de esos milicianos contra los que combaten. En el segundo caso, el que mata nunca es responsable.

La sorpresa en realidad es inexistente. Tras los bombardeos recientes de Gaza, el Gobierno ha anunciado que defenderá a sus mandos militares si son investigados por crímenes de guerra, cosa que saben que va a ocurrir. Sabe que las querellas llegarán y la única duda estriba en saber en qué tribunales aparecerán.

El ataque contra Shehade lleva tiempo apareciendo en los diarios israelíes. El jefe de la Fuerza Aérea en 2002, Dan Halutz, también imputado en la querella aceptada en la Audiencia Nacional, es consciente de que no puede viajar al Reino Unido bajo ningún concepto. Si se le ocurriera pisar Londres, como hizo Pinochet, es posible que tuviera que afrontar una orden de detención.

La versión oficial israelí es que los responsables de la eliminación de Shehade no sabían que en la casa en la que se encontraba escondido había también civiles, incluidas la mujer y una hija del dirigente de Hamás. La realidad es que la Fuerza Aérea y el Shin Bet (el servicio de inteligencia interior) discreparon sobre ese punto. Los militares sostenían que no habría un número alto de bajas civiles y que la explosión sólo afectaría a los ocupantes de la casa. El Shin Bet informó al Gobierno de que las viviendas cercanas sí estaban habitadas y que se verían dañadas por el ataque. Al final, el Gobierno concedió la autorización.

El entonces primer ministro, Ariel Sharon, llegó a decir después que si hubiera conocido el resultado de la operación, la habría cancelado. El diario Haaretz la calificó de "la primera operación terrorista que Israel ha perpetrado en años".

No ha sido la última de esas características. Pero no importa, los terroristas siempre son los otros. Los militares saben lo que tienen que hacer. "Disparen contra todo lo que se mueva en Zeitún" fue la orden que recibieron los soldados de la brigada Givati al penetrar este mes en un barrio de Ciudad de Gaza. No es necesario decir que cumplieron la orden a la perfección.

Iñigo Sáenz de Ugarte