el pingue

Joves Cuiners. Una realidad.

 

Los grupos siempre me han producido recelo, quizá porque a punto estuve de hacerme seminarista, lo que siginificaba pertenecer a un colectivo con sede en Roma. Nunca le vi la gracia.

Con Joves Cuiners se rompe la regla. Es un grupo duradero en el tiempo, cada vez con más admiradores, que resuelven sus participaciones en eventos con gran éxito. Yo disfruté durante el congreso pasado de casi todos los almuerzos que ellos ofrecían. Lo primero que me llamó la atención es que me descubría agarrando el plato y oliendo la comida. ¡Y no era el único!. Gentes a mi alrededor lo hacían también.

Detecto cuando la comida es sabrosa o gusta, simplemente viendo "carrillear" el bolo, observando la cadencia de las mandíbulas y la mesura en los cortes, como si no se deseara terminar. Efectivamente, soy un mirón.

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Por delante de mi mesa pasó vanguardia, tradición, sorpresa, algodón de azúcar, suquets, trufa, canelones,  frescor,........., verdad. Una verdad sustentada en la trayectoria de todos ellos quienes, arriesgando desde cero sus ahorros o la casa de los familiares, han salido adelante ofreciendo una cocina trasgresora en estos días. ¿O hay algo más trasgresor que no alinearse a la copia por la copia, a la fotocopia sin sentido, y apostar por una manera personal de entender este complejo mundo que es la cocina?

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¡Claro que hubo cosas que me gustaron más que otras!,  pero no puedo decir que no estuvieran técnicamente -en mi opinión- bien resueltas. El contar con ellos me parece todo un acierto por parte de los organizadores. Y todo un éxito pues cada día se llenó el comedor improvisado.

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Joves Cuiners bien merecen una visita, como Roma, aunque en este caso será difícil no pertenecer al grupo de adeptos.