el pingue

Pinzas

Las mejores pinzas siempre fueron las de madera. Con dos fabricaba pistolas,  con otras dos  los mandos de la máquina de pinball aunque para ésta necesitaba además gomas de colores, puntas para madera, una tabla de aglomerado, canicas y un rotulador Carioca para escribir la puntuación. Siempre en verano fabricaba juguetes aunque cuando cumplió los doce se pasó a la patineta y a la carabina Gamo.

Esa mañana estuvo dándole vueltas a el por qué se hacían las pinzas de plástico si con el sol se estropeaban y no duraban más de un mes. Aquella mañana había tocado colada, entre otros motivos porque había dado de comer a los mellizos la compota que había hecho en la olla a presión. Ligeramente había sonreído al comprobar que no sólo las pinzas habían cambiado, también ella respecto a su madre: la compota tardaba una hora en hacerse a fuego muy lento y ella había tardado apenas seis minutos.

-Ya te dije que le metieras algo de compota de manzana y pera, hija. Tú también fuiste estreñida y este galgo tuyo no iba a ser menos, como el Eufronio que en paz descanse.  Eso sí, se ha puesto perdidito.

-Así es, madre.

-Menudas tendederas preparas y eso que ya no usáis las madres modernas gasas. Ahora con los dodotis lo tenéis arreglado.

- También es verdad, madre.

-¿Y esas pinzas?¿De dónde las has sacado?

-Del chino

- Así son, que no duran un suspiro.

-Tienes razón madre

-Eres como tu padre: me daba la razón como a los tontos para que callara.

-Que no, madre.

-¿Ves?

 

Letrasjuntas nº20