Santi: ponte cómodo frente al televisor. Gente normal al otro lado.

A veces, Santi Santamaría, pienso en si tus declaraciones vienen marcadas por la mercancía a poner en venta. No me lo tomes a mal. O sí. Como quieras. A veces, Santi, creo que eres utilizado por tu derroche y verborrea -ya te lo he dicho- anti-cocina molecular, anti-tecnoemocional, …, anti-Adrià, para vender eventos, para dar titulares, para hacer pasta cada una de tus ruedas de prensa, coloquios, entrevistas. A veces, Santamaría, creo que cuarto y mitad de todo.

He de decirte que a veces me “das fatiguita” y que, aunque no lo creas, casi todo el mundo firmaría tu apuesta por la cocina de la memoria, por la cocina tradicional. Pero es que ambas no están en peligro pues nadie, en su sano juicio,  abandonaría su “alma”….. Estoy y estarán contigo todos, apostando por el productor y su producto, por poner “humana” y “ética” al lado de la palabra cocina, gastronomía y todo lo que ellas engloban. Pero también estarán para aplaudir la vanguardia.

Pero,  ¿sabes lo que pasa?. Pues pasa que cuando repites tanto tu mensaje me da por pensar en si es envidia, si es impostura,  si es “una chinita de venganza” -a eso me ha sonado tu mención a Dos Palillos-  o si tan sólo es que tienes que venderte para no pasar inadvertido estos días en que se estrenan los documentales de La 2 sobre el Bulli. No me gustaría que así fuera porque ese del que habla Pau Arenós  en su libro Los Genios del Fuego, ese que reflejan tus libros no es, ni mucho menos, lo que yo me había imaginado y casi venerado en mi época de formación.

Imagino que firmarás la frase de Lorenzo Díaz:  :”Santamaría dispara con gracia sobre los mitos de la profesión, y denuncia que uno de los grandes retos de los cocineros de hoy es evitar convertirse en bufones de los snobs y de los pijos”.¿Quiénes son los pijos y snobs?¿Los críticos?¿Los nuevos ricos?¿Los que ahorran para ir a alguno de sus/tus resturantes?¿Quiénes?

Leo en estos días El Premio, de Manuel Vázquez Montalbán, y cuando al inicio del libro un escritor cuenta que detesta que sus libros se vendan a cualquiera, me imagino que en algo se parece a ti, pues creo que lo que no quieres es que cualquiera pueda ir a comer donde le plazca, es más, no concebirías que fueran a el Bulli y a Can Fabes y estuvieran apasionados por ambas maneras de entender la cocina. Para tí, creo, que quien argumenta que la cocina de vanguardia de Adrià, de Dacosta, de Adúriz,…., es apasionante, está equivocado y no crees que sea digno, por inculto y “desinformado”, de probar y entender tu cocina. Te lo cuento, de tú a tú, porque estas cosas sólo se pueden tener en cuenta si es apostado en una barra, comiendo callos, olivas, ventresca de atún con pimientos y un campano de tinto al lado de una buena hogaza de pan. Me gustaría que alguna vez fuera posible porque cada vez te entiendo menos en tu papel de primera figura que siente cierto regocijo cuando en otros países, por envidia sin ninguna duda, atacan lo que no comprenden o no quieren comprender. Es ese sentimiento tan trasnochado de quienes han perdido punch, de quienes desconociendo la grandeza de sus cocinas no se les ocure otra cosa que atacar al otro para defender lo suyo, que es a lo que me suena lo tuyo. ¿O es pose?

Sé que lo que yo cuente no te valdrá ni lo pretendo. Pensarás que estoy al servicio del “lado oscuro”, de empresas organizadoras de eventos,…..,  y esas cosas, pero como ya he comentado yo no cobro, los menús me los pago yo y eso me da un plus de “tranquilidad en la conciencia”. Por ahora me quedo ahorrando para poder sumergirme en tu cocina, entre otras. Preferiría que no estuvieras al visitar tu restaurante, casi mejor nos vemos en un bar, para así poder tratar los temas de enjundia en el marco adecuado, no como en las películas, con el Colt siempre dispuesto a llevarse por delante a alguien en un duelo al sol, buscando ser el sheriff a la fuerza, como en una de vaqueros, como en un DeadWood que busca adocenar a sus ciudadanos ante la “debilidad” que en apariencia demuestran……….

Ahora que escribo esto, recuerdo Sábado Cine, ese espacio a las diez de la noche los sábados en la TVE de los 70s, que reunía en el cuarto de estar -el salón sólo par invitados y festividades- a toda la familia. Entre ella, el aroma de la tortilla francesa o de los huevos fritos y tomate casero caliente; los menos días, unos pedazos de lomo de olla ligeramente pasados por la sartén y empaquetados entre  fabiola y pimientos asados. Ni rastro de pizzas precongeladas ni de hamburguesas con olor a concentrado de carne que tú y yo detestamos. Eran épocas de películas de aventureros, de tipos bizarros que peleaban con indios feroces que defendían su manera de vivir y su tierra. Lo único que les diferenciaba es que los de sombrero y camperas acumulaban muescas en las cachas de sus revólveres y  los “hippies” cabelleras en su canana. Eso es lo que conocemos y la versión que de los hechos nos han dado.

El documental de anoche, exento de argumentos tramposos y versiones como las de vaqueros, demostraba generosidad y algo muy interesante, Santi: reconocimiento de la labor de los colegas, por muy en las antípodas que ahora se encuentren. Termino con una frase de Carlos Boyero en su columna de El País del domingo: “Cada día me gusta más la gente que va de normal”. Apliquemonosló, Santi.