“Teacast”

A media tarde, cada día, Hussein preparaba el té para toda la clase, siempre después de rezar en la sala de al lado.  Sacaba de su pequeña mochila una tetera, hierbabuena y unos pequeños vasos de cristal fino y de colores. Apenas hablaba castellano ni cualquier otro idioma de España, pero aprendía cada día unas cuantas palabras. “¿Tú quieres té?” es una de las primeras frases que le oí.

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Entre los quince alumnos él lograba hacerse un hueco para poner a hervir el agua. Al principio, alguna mirada se cruzaba con la mía, de esas que casi recriminan sin palabras, pidiendo seriedad, orden y disciplina. Pasaron los días, dos, y ya todo el mundo solicitaba té a Hussein, ante la sonrisa de éste y  la casi vidriada mirada que me dirigía,  mientras yo le guiñaba un ojo y esbozaba media sonrisa.

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Él fue quien me consiguió este té, de un sabor excepcional y de olor potente que, junto a la menta de mi huertobalcón, me acompaña muchas de estas mañanas entre lecturas gastronómicas y discos como el que traigo a colación:1, 2, 3 soleils.

Lo dicho, subid el volumen, abrid la ventana si hay sol, salid a la terraza con el vaso en la mano y danzad.  Los vecinos te mirarán pero, como en el caso de Hussein, terminarán pidiéndote una copia a espaldas de la sgae. ¡Anda que no!