Agudeza visual: Descubra en pocos segundos a un blogger gastronómico

Siempre me hicieron gracia estos pasatiempos. El gran Forges es un maestro en aplicar a algunas de sus viñetas este plus. Yo, que me considero un bloguero gastronómico -«¡mande!»-, voy cogiendo práctica y descubro a alguno de ellos sólo viendo su actitud en el restaurante.

Lo primero en lo que hay que fijarse es si va cargado con una cámara. ¡Ay amigos! Si va cargado con un réflex hay que temerse lo peor, aunque por lo menos va de cara, sin complejos, preparado para inmortalizar el momento. Atrás quedaron, para él o ella, los tiempos de la cámara para retratar momentos de pareja, de familia, de amigos. También está/estamos los que acudimos con la compacta, escondida en el bolso de «la santa» y que colocamos encima de la mesa, detrás del pan, y que tenemos que mover cada vez que colocan un plato nuevo. Respecto a las fotos, el otro día pude asistir a un despliegue de ráfaga y flash durante una comida. Me temo que el «presunto» bloguero quería inmortalizar el movimiento de la pasta.

Lo segundo en lo que hay que fijarse es en si cuando se sienta comienza a mirar la marca de las copas, la de los platos, la de los manteles…… Hay que fijarse, también, en si pide lo mismo que se recomiendan en los blogs «amigos».  No descuidar la actitud ante el primer bocado, con mirada al borde del plato o a un punto desenfocado entre él mismo y la loza. Hay que controlar muy bien la cantidad de vueltas que da al vino de la copa, si cada vez que toma un sorbo lo mueve y si, muy dignamente, pide la botella para controlar la contra-etiqueta.

También es posible que porten una libreta y apunten datos de su cata o tan sólo los nombres. Antes de los blogs, si esto sucedía, en las cocinas se sabía y se cuidaba al cliente por si era un «anónimo» de la Michelín.

Un dato a tener en cuenta es si va sólo o acompañado. Si el que tiene enfrente es un amigo al que le gusta comer y no es bloguero, se le verá moverse incómodo, pidiendo un biombo, preguntándose si su amigo era tan friki antes y si va a parar de hacer fotos porque está dando el cante y la comida se queda fría. Ese es el llamado «abnegado amigo de bloguero gastronómico».

A pesar de todos estos datos, también hay que estar atentos si a la hora de pagar o de saludar al chef o al maître aporta el dato-morcilla «tengo un blog». Hay quien lo dice para que se le conozca y quien, me consta, lo hace para que le salga por la filo la zampada, eso que algunos critican a los visitadores y que ellos reproducen.

Es posible que nos equivoquemos y quien toma fotos, pregunta, mira el culo del plato, etc, es alguien a quien le gusta comer, charlar con los trabajadores del restaurante, disfrutar de todo lo que le puede ofrecer una visita gastronómica.

¡Atención! Cuidado con el que se infla, se echa para atrás contra el respaldo y pretende dar una clase magistral o intenta que el plato sea de otra manera. Hay que temerse lo peor porque ese sí, ese quiere que le pongan más tajada en el plato, quiere que se le adule y no cejará en su intento hasta que no consiga su objetivo: no pasar inadvertido. Atentos.

P.D: Imprescindible :   Adrià en las Noticias de la Sexta con Cristina Saavedra