Pedro Roca

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«No está en la parte nueva a las afueras, es una zona nueva del centro». Me hizo gracia esta explicación de una vecina. Santiago de Compostela tiene esa particularidad. Si encuentras a un santiagués  sabrá dónde están sus restaurantes, o esa es la impresión que me dio.

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De este tipo te fías desde el momento en que lo ves ataviado de delantal y chaquetilla. Te fías porque sabe y conoce de dónde viene lo que pone en las mesas desprovistas de mantel. Me contaba un bloguero que Pedro Roca, el cocinero y propietario, manejaba el coche por parroquias, aldeas y  concellos, buscando «los excelsos». ¡Y vaya si lo son!. Almejas, navajas, vieiras, mollejas, mero,  sepietas……., del día, ejemplares que no viajan, se quedan en la cámara de cuatro apasionados por el producto.

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La cocina de Pedro Roca me parece un ejemplo, un lugar para pagar por ver y por acompañar a su autor en la búqueda de la calidad y la excelencia. Si fuera un estudiante pediría ir a su restaurante una temporada pues hay oficio, sensibilidad y algo aún más importante: honestidad y honradez ¿Cómo es posible, si no, que el menú degustación sean cuarenta euros, que el servicio sea de lo mejorcito que he tenido, que la bodega esté a la altura y que quien lo dirige esté preocupado por el mejor producto zonal?

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Los tiempos cambian, queridos, más rápido de lo que parece, y este restaurante  representa un ejemplo más de lo que ha de ser una casa de comidas: un lugar donde se sienta que tras un plato hay búsqueda, conocimiento, reflexión y oficio. ¡Cómo está Galicia! ¡Para perderse y que no te encuentren!