el pingue

Un buen sitio, una receta sencilla y un toque canalla en Nueva York

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A la entrada del metro en Penn Station, una joven vestida de amarillo me ofrece "free bananas", sin embargo, mi idea es tomarme un café con leche y un zumo de naranja recién exprimido. Enfrente de la zumería está la pastelería / panadería Elephant, que hace unas palmeras decentes, bien horneadas, quizá menos grasas y pesadas  que el delicioso taco de pastel de canela que despachan en Starbucks.

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Starbucks  es parte del paisaje  que recuerdo de una ciudad exhausta pero que no para. En una esquina, en la estación de metro, en la de tren, al lado de un monumento, cerca del puerto, en el centro comercial,.... siempre hay una cafetería dispuesta a llenarte el vaso de cartón, o el de plástico, y añadirle espuma de leche o hielos. Amabilidad la justa.

Las papeleras son grandes. Imagino que el urbanista reconsideró la opción de otras de tamaño inferior al comprobar que había que introducir multitud de vasos, bandejas de aluminio y cajas de plastico contenedoras de hamburguesas de dudosa reputación. A pesar de ello, las calles y el metro están sucios, la alcantarilla de enfrente del Madison Square Garden huele a leche frementada y el taxi me recuerda el olor a la garita que tanto frecuenté en la mili. De todo ello salí hecho un "experto" en sortear las nubes de humo con olor a cebolla frita requemada que salen de los puestos callejeros.

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He de reconocer que de las comidas  que quería hacer varias eran en la calle: perritos hechos por un alemán, falafel,.... Sin embargo sí quería conocer las hamburguesas del Burguer Joint, de las que había oído hablar a Manuel Gago, a Manouel Foucellas y  hace unos días Ramón Lobo hablaba de ellas en sus estupendas Postales de Nueva York.

Si a un ciudadano de este país le dijera que detrás de la recepción  de un buen hotel, céntrico, existe una hamburguesería con las paredes llenas de posters amarillentos por la vejez, borratajos y firmas, donde hay que guardar cola, hay muy pocas mesas y  además es posible que sea una de las mejores, no me creería, pero así es.

El día que fuimos a cenar "La Hamburguesa" al hotel Le Parker Meridien eran las 8 de la tarde. Había anochecido y teníamos hambre. Volvíamos del Metropólitan, llovía, y buscaba una razón para que estuviéramos caminando entre charcos en busca de un filete ruso metido en un panecillo mollar. Lo único que indica el camino es un letrero luminoso de neón y una flecha. Es como si el garito fuera una trastero para las maletas de los huéspedes, o un cuarto para las fregonas, o directamente los cuartos de baño de recepción. Pues no, es la Burguer Joint, donde no huele a grasa ni fritanga, donde la gente, educadamente, se arremolina en una cola esperando turno para solicitar la hamburguesa "a deseo del consumidor". Ni que decir tiene que es bien conocida por las guías aunque la "todopoderosa" Lonely Planet la obvie, no así la Michelín. Puedes tener al lado a un broker, un famoso, a un estudiante o a un turista hambriento, como es el caso y el de muchos otros.....

Guardar cola es un acto al que te acostumbras en Nueva York. Últimamente "me da miedo" ponerme en una de ellas. Si voy al super el cliente de delante no tiene cambio, no le funciona la tarjeta o la cajera es nueva y no tiene apoyo. Pues aquí sucedió parecido: se estropeó la caja registradora y no hicieron una hamburguesa más hasta que se solucionó el problema, una hora más tarde, gracias a alguien del hotel que acercó al encargado tres calaculadoras gigantes, libretas de facturas, y se salió adelante con poco beneplácito por parte de los empleados. Lo más impresionante es cómo se vivieron esos momentos:

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"Hey amigos, la registradora se ha jodido y hasta que no nos la arreglen no serviermos más. Haced lo que debáis", y allí nos quedamos todos. La hamburguesa es muy buena porque puedes darle el punto que te guste, la mostaza es de Dijon, se montan al momento, el filete es grueso y se gratina junto al queso en un horno por un corto espacio de tiempo. Sinceramente, merece la pena porque conjuga aquello de "un buen sitio, una receta sencilla y un toque canalla".http://blogs.publico.es/elpingue/wp-admin/post.php?action=edit&post=324

De regreso al hotel, bajamos la hamburguesa caminando y, como a los dos días volvíamos a casa, reflexioné sobre el Plan E. ¿Sería, quizá, por el tanque de cerveza que me bebí? Las calles de Nueva York sí necesitan este plan pues no sería para levantar lo colocado hace pocos años, sería para que las calles tuvieran un firme más uniforme, sin baches ni montículos creados por el paso de los años y que casualmente coinciden con las alcantarillas. Somos unos quejicas en España, a cualquier cosa llamamos calle infame, olor nauseabuendo, incomodidad manifiesta,  falta de limpieza o comida basura........