el pingue

Lombardi's.

 

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Las casas cercanas a Little Italy tienen las fachadas trenzadas de escaleras de hierro. Mirarlas es recordar escenas de películas, persecuciones, atracos, disparos, amoríos desesperados o apasionados,...... En una de ellas la bandera de los EEUU sucumbe a las inclemencias del tiempo pero aguanta el tipo, hasta que la dé un aire.

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Quizá la bandera también se haya encomendado a San Genaro y como tal, la actitud "imperialista", devoradora en otros tiempos, haya pasado a la mansedumbre que originó en la fieras la presencia en la arena de este santo. Algo de influencia tendrá pues en este barrio. Salvo si son fiestas, todo trascurre con algo más de calma que unas cuantas cuadras más allá.

Visitando la zona no puedo sino acordarme de Los Soprano, sumergido como estoy en la primera temporada. Me gustan los comentarios como el que se hace al respecto del café "adulterado"  que ellos piensan que se consume en los EEUU. No tanto así el que hacen en Lombardi's, fantástico.

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Tampoco me sacó de la serie la estampa del guardián de la imagen y sus gafas. Es como "el tio Junior".

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Ni la del encargado del restaurante, que es italiano y pasa al teléfono algún que otro rato.

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Al lado de nuestra mesa una madre enseña las fotos de su hijo vestido de militar. La escena me llena de ternura pues ella, la nuera -creo-, besa la foto y se la da a besar a la niña que se sienta a su lado. Han tomado una pizza grande y una ensalada para cuatro. Nosotros, una grande para dos, con panceta, cebolla, tomate, mozzarella y Brooklyn Lager, la mejor cerveza que he tomado allí y que descubrí gracias al libro de Enric González.

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Lombardi's sí viene en las guías y doy fe que sí son unas fantásticas pizzas, mejores a diario que en fin de semana. Repetimos experiencia, con el recuerdo a café aún en la memoria, la simpatía del personal, lo extraordinario de la masa, ese aroma que desprende el horno de leña en el que se hacen y lo coqueto del comedor de la planta baja.

Hacía tiempo que no tenía la sensación de estar comiendo algo bueno, distinto a pesar de ser muy popular. Me doy cuenta que el discurso en Andalucía Sabor de Adrià tiene sentido cuando viajas y compruebas qué bien lo llevan haciendo décadas los italianos, cómo lo tradicional lo han cuidado para lograr un buen producto, a buen precio, pero sin perder un ápice de autenticidad.

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La masa es fina, bien horneada, con un queso perfecto y la cantidad justa de sal, tomate y albahaca. No admiten tarjetas, quizá porque no se fían de los visitantes o de los bancos... Y entonces recuerdo a Tony Soprano guardando el dinero en la habitación de su madre, antes de que la policía registre su casa....