Aponiente. (El Puerto de Santa María)

El Vaporcito del Puerto de Santa María cabecea al salir del puerto de Cádiz. Mientras, el catamarán navega con prisa.  Viene, va, pasea su lomo blanco, sus bancos de plástico y el poco glamour que tiene el trayecto sin disfrutar del viaje.

Aponiente regresa. No explica elaboraciones, explica productos, destinos, principios y puertos donde hace escala y se empapa de lo que allí es. Aponiente, sí, Aponiente es un viaje de optimismo …..

En la mesa de detrás una familia compuesta de niña, abuela e hija toman asiento. La pequeña, de ojos azules y pecas, mira los platos que van llegando y sonríe. La abuela pregunta si le gustan. La hija responde: “come de todo”.

La mesa de enfrente sale a fumar fuera, ¡qué alivio!,  mientras, la sala muestra su debilidad por el servicio bien ejecutado. ¿Y el vino?. “Se nota quien viene a disfrutar y eso se agradece”……..

Sobre el mantel de hilo, en la mesa junto a la ventana, aparecen uno a uno los barcos, los puertos de la ruta que Ángel León nos ha marcado.

Entregarse al embutido marino, a los pescados canallas, a la belleza que rebosa esta cocina no es un lujo, es una realidad, es la muestra del afán en la búsqueda de estilo propio, del compromiso con la tierra. No sentí demasiados “cabeceos” en la paseo por la bahía, acaso alguno foráneo, pero nada tapará jamás una comida memorable como la que me hicieron disfrutar ellos, sus vinos, y su manera de entender qué es un restaurante marinero.

Aunque el picudo rojo acabe con todas las palmeras del Puerto, Ángel León  hará por mucho tiempo de faro. Y no sólo para indicar su presencia, quizá también para fijar una ruta…..