Borracheras con descuento

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En el ranking alcohólico, Gran Bretaña no tiene que envidiar nada a otros países europeos. Como sabe cualquiera que haya entrado en un pub, los fines de semana se convierten en una auténtica competición en la que las pintas de cerveza caen una tras otra. Pero la dimensión del problema se aprecia mejor en los supermercados, donde las ofertas hacen que el precio de la cerveza sea insospechadamente bajo (a diferencia del vino, mucho más caro que en España). Lo que hace, por ejemplo, que con algunas marcas cueste lo mismo la lata normal de unos 300 ml. que la lata de medio litro. No hay que decir cuál escoge la gente.

Otra consecuencia es que uno puede descubrir, siempre dependiendo de la marca, que el agua embotellada sale más cara que la cerveza.

Una comisión parlamentaria ha pedido al Gobierno un precio mínimo para las bebidas alcohólicas que impida estos descuentos. Aún no se ha llegado al punto de solicitar que se regrese a los tiempos de las restricciones en el horario de los pubs, como recordarán todos aquellos que hayan visitado el Reino Unido hace más de diez años.

Habrá quien diga que los británicos siempre han nadado en ríos de alcohol. La evolución histórica no parece confirmar esa impresión. Los datos que hizo públicos la comisión indican que es a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando el consumo comienza a crecer sin freno. Desde entonces, el consumo de cerveza se ha mantenido relativamente estable. Es el de vino el que ha experimentado un incremento espectacular. Y se toma habitualmente en casa, con la misma pasión con la que se ingiere cerveza en el pub.

En cualquier caso, los datos empiezan a ser preocupantes. Como demuestra el gráfico de The Economist, los casos de cirrosis y enfermedades del hígado han aumentado, mientras que en otros países europeos la tendencia es a la baja. El camino del pub al hospital es más corto de lo que se creía.