Los bancos se dan un festín de chocolate

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Los periódicos sensacionalistas se apuntan a las campañas como los borrachos a los bares. Si no hay una cerca, la montan ellos. El Daily Express, prototipo del tabloide que niega el cambio climático y se inventa cada semana curaciones milagrosas contra la cáncer, se moviliza para «salvar nuestro chocolate». La empresa norteamericana Kraft ha comprado a la británica Cadbury, una compañía fundada en el siglo XIX y que los habitantes del Reino Unido asocian con su identidad. Ya en 1845 eran proveedores de la familia real, y por el peso que fue adquiriendo la reina Victoria hay que suponer que era una gran consumidora de sus productos.

La prensa seria no se une a las cruzadas nacionalistas. A fin de cuentas, decenas de grandes empresas del país han sido vendidas a extranjeros en los últimos años sin que nadie se haya escandalizado. Hace unos días, el Santander borró el nombre de los bancos británicos de los que es propietario para poner el suyo. La mayoría de los comentarios fueron favorables. La marca Santander cuenta con más prestigio que las fichas bancarias que engulló.

¿Pero entonces qué queda del sector industrial británico, otrora gloria del imperio? La modernización de la economía, calurosamente alentada en los años de Thatcher y sus dos herederos laboristas, Blair y Brown, ha volcado todos los favores sobre el sector servicios, en especial la industria financiera, y ahora se aprecian las consecuencias. Hablar de política industrial se consideraba anatema. A diferencia de esos malvados estatalistas franceses, Gran Bretaña era un gran sitio para hacer negocios sin interferencias del Estado.

¿Y qué queda de los empleos? Ahí, la prensa seria sí que tiene algo que decir, y los sindicatos, aún más. Kraft compra la empresa endeudándose en 8.000 millones de euros y tendrá que acometer una reducción de costes para que los fondos de inversión que están entre sus accionistas no pierdan la paciencia. Miles de empleos de Cadbury están en peligro. Gordon Brown ha dicho rápidamente que el Gobierno exigirá que no haya pérdida de puestos de trabajo en la compañía (ahora tiene unos 5.500 trabajadores y llegaron a ser 12.000) y todo el mundo sabe que en realidad no podrá hacer nada al respecto. De hecho, Kraft ya ha comprado en el pasado otras empresas británicas que han sufrido después la correspondiente oleada de finiquitos.

Como explica Larry Elliott en The Guardian, es otra consecuencia de la apuesta todo o nada del país en favor de la City, la industria financiera. Y en los tiempos que corre, eso significa que vas a perder.

¿Y quiénes son los primeros beneficiarios directos de la venta de Cadbury? Esta sí que es una pregunta tonta. Los bancos, evidentemente. 390 millones de dólares es la cantidad estimada que recibirán por su intervención en la compra, incluido los créditos a Kraft que la hacen posible. Otro detalle irónico, por decirlo de alguna manera. Goldman Sachs, Morgan Stanley y UBS, contratados por Cadbury para que le ayudaran en la defensa de la independencia de la compañía frente a la oferta hostil de Kraft, inicialmente rechazada, recibirán más dinero ahora que si la venta no se hubiera producido.

Cuando las reglas del juego están hechas para que los bancos ganen más dinero, las empresas grandes se coman a las pequeñas y miles de trabajadores sean despedidos, ¿cómo nos puede sorprender que ése sea el resultado habitual?

Evidentemente, no está previsto que el Gobierno británico cambie esas reglas. Se limitará a hacer declaraciones.

Iñigo Sáenz de Ugarte