El adulterio se castiga con tarjeta amarilla

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¿Para qué sirve el capitán de un equipo de fútbol, aparte de dar la mano al árbitro al comienzo del partido? Por lo visto, es una institución nacional a la altura del arzobispo de Canterbury o el último ganador del premio Booker. Es cierto que si es el capitán de la selección, de alguna manera representa a Inglaterra durante esas dos semanas en las que el cerebro de la gente adquiere forma de balón y que se llaman Mundial de fútbol. Así que por ese lado se trata de una decisión que conviene meditar.

¿Puede John Terry ser el capitán de la selección después de haber engañado a su mujer con la novia de otro futbolista con el que es posible que coincida en el Mundial? Preguntas como éstas son las que justifican la existencia de los libros de ética, pero como la respuesta depende del sentido del humor de cada uno (¿desde cuándo la moral y el fútbol han circulado por la misma senda?), de momento la cosa sólo da para alimentar las portadas de la prensa sensacionalista y para que los periodistas de deportes no lo tengan tan difícil a la hora de llenar páginas en los escasos momentos en que no hay partidos de fútbol.

Es curioso que algunos periodistas, que no están por la labor de decapitar a Terry, hayan pedido al seleccionador, Fabio Capello, que ponga en práctica algo de la mentalidad latina que se le supone. Viniendo de Italia, todos suponen que allí el adulterio no es un error que se juzgue con severidad. Todo depende de las circunstancias. Claro que con el primer ministro que tienen, ese tipo de confusiones antropológicas son inevitables.

Terry no parece estar por la labor de renunciar al puesto de capitán y cerrar así el debate. Eso supondría reconocer un error. Las estrellas no se rebajan a esos niveles. Como la mujer ha escapado a Dubai (una decisión muy inteligente porque su casa estaba siendo sitiada por los tabloides como si fuera Troya), el Chelsea ha concedido permiso al jugador para tomarse unos días y viajar allí.

Lo importante es que si hay reconciliación, no se ponga en práctica de forma efusiva en un lugar público. Dubai no es el mejor sitio para tales alardes. Lo que es seguro es que los tabloides les estarán esperando allí.