Daños colaterales de los Juegos Olímpicos

No es ni mucho menos el bar más glamuroso de Shoreditch, pero sí uno de sus pequeños emblemas escondidos. El ayuntamiento de Hackney ha decidido deshacerse de The Foundry, un pub destartalado en el ‘east end’ de Londres, a mitad de camino de Old Street, para construir un hotel. Otro más de los que están llamados a albergar a los millones de visitantes que la capital británica espera acoger durante los Juegos Olímpicos de 2012.

Imagen de The Foundry, The Guardian

Cuentan en The Guardian cómo las paredes de este pub mítico, ahora convertido en espacio multiusos para artistas inquietos y bebedores de cerveza barata, contienen algunos de las primeras estrofas del nocturno Pete Doherty, o cómo los Hot Chip lo utilizaron de cuartel general en sus comienzos.

En verano, la rotonda en la que está situado se convertía en una terraza improvisada repleta de sillas de chiringuito playero y muebles destartalados recogidos de algún vertedero. A media tarde, con un poco de suerte atmosférica, la puesta de sol enrojecía las caras de los congregados alrededor de una Stella en vaso de plástico de los de los cumpleaños. De sonido ambiente, los autobuses que pasan alrededor y ese tipo de charlas que, vistas desde fuera, se adivinan mucho más interesantes que las tuyas.

Pero la urgencia olímpica ha decidido tirarlo. Como muchos otros edificios representativos de Hackney. En su lugar irá un hotel cilíndrico y acristalado que se sentirá como si no hubiera sido invitado a la fiesta. La vanguardia va ganando terreno al ladrillo rojo tan característico del este de Londres y va reduciendo el barrio a la apariencia que requieren los eventos de este tipo.

De la ruina se salvará un Banksy que el ayuntamiento piensa conservar. Y tiene su ironía. El grafitero de Bristol dejó su firma en forma de rata de seis metros de alto que sujeta un cuchillo y un tenedor. El capitalismo del que ni siquiera Banksy escapa, que se merienda la cultura. Un día más. Hasta 2012.

Daniel del Pino