El dinero de los sindicatos

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Es el último anuncio de la campaña de los conservadores para denunciar el matrimonio financiero entre los laboristas y los sindicatos. Unite es uno de ellos y es también el convocante de la huelga de las tripulaciones de cabina de British Airways. El paro llega en muy mal momento para el Gobierno a mes y medio de la celebración de elecciones.

Hasta la época de Blair, los sindicatos eran una de las principales fuentes de financiación del Partido Laborista. El entonces primer ministro se aplicó en la tarea de diversificar los fondos y liberar al partido de la influencia sindical.

El trasvase de fondos no vino gratis. Fueron los años de donaciones procedentes de millonarios con excelentes relaciones con el Nuevo Laborismo y credenciales izquierdistas casi inexistentes. El maridaje trajo sus consecuencias: el escándalo de los títulos nobiliarios a cambio de dinero. Varios millonarios fueron nombrados lores por servicios que tenían más que ver con la financiación laborista que con los beneficios obtenidos por la sociedad.

Ya con Blair fuera de la foto y los conservadores atrayendo la mayor parte del apoyo de la comunidad financiera, los laboristas se ven obligados a regresar a su fuente tradicional de fondos.  La prensa conservadora se apresura a señalar que aumenta el número de sindicalistas en las listas electorales del partido de Gordon Brown. Es una forma de decir que vuelve el viejo laborismo de los 70, asociado a la peor crisis económica que vivieron los británicos desde la guerra.

Los conservadores ya tuvieron que soportar lo suyo con las revelaciones sobre el ventajoso tratamiento fiscal que disfruta Lord Aschcroft. El multimillonario residente en Belize es también vicepresidente del partido y generoso donante de las arcas tories. Y ni siquiera paga todos sus impuestos en el Reino Unido, a pesar de que es miembro de la Cámara de los Lores.

En ambos partidos, el dinero nunca proviene de donaciones desinteresadas. La factura siempre llega con obligaciones.

Iñigo Sáenz de Ugarte