Rasputín recibe otro tiro

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Fernando Torres no ha perdido su costumbre de atormentar a los defensas centrales del Manchester United. Ayer no tardó más que cinco minutos en marcar de cabeza en Old Trafford, lo que creó una falsa ilusión en el Liverpool. Un periodista inglés ha llamado a Benítez el Rasputín de los entrenadores, porque siempre termina levantándose cuando parece estar muerto. La frase tiene su gracia pero todo tiene un límite.

El Liverpool ha sido tantas veces tiroteado por las lesiones y el mal juego que sus constantes vitales no arrojan muchas esperanzas. Muy pronto desperdició su ventaja por culpa de un penalti no muy claro, porque Mascherano pareció empujar a Valencia fuera del área.

No sirvió de mucho ni la parada inicial de Reina (Rooney marcó en el rechace) ni el feo detalle de Torres de patear el punto de penalti antes del lanzamiento.

Ferguson dejó solo a Rooney en punta y pobló el centro del campo de jugadores. Lo que a otros entrenadores sólo les sirve para ofrecer un juego gris y trabado al United le suele dar buenos resultados. Y para que no quedara ninguna duda, uno de esos centrocampistas, Park, fue el que le dio el gol del triunfo en la segunda parte.

Torres pudo empatar a un minuto del final pero falló en una zona en la que es casi infalible. Su equipo ya está a cuatro puntos de la cuarta plaza y la posibilidad de quedarse fuera de la Liga de Campeones empieza a ser algo más que real.
Sólo el United tenía un partido difícil en esta jornada entre los tres grandes y no falló. No lo hizo el Arsenal y tampoco debería haberlo hecho el Chelsea, que jugaba ante el Blackburn, un equipo de la zona media que se ha acostumbrado esta temporada a recibir tremendas palizas en sus partidos contra los mejores equipos.

El club de Abramovich tiene pinta de haber cogido una buena depresión tras su eliminación en Europa. El Inter le dejó en evidencia el miércoles y ayer no mejoró mucho ante un club que juega con el mismo estilo que el que probablemente tenía antes de que inventaran Internet.

En el momento de la verdad, el Chelsea sólo ha conseguido siete puntos de los últimos 15 posibles. A sus jugadores les pesan las piernas y ya no les es suficiente con el acostumbrado gol de Drogba. Un buen centro de Michel Salgado hizo posible el gol de cabeza de Diouf.

La reacción fue tan escasa en el campo como en el banquillo azul. La tradicional pasividad de Ancelotti en la banda volvió a ponerse de manifiesto. Una vez más, las prestaciones de Anelka resultaron insuficientes pero su entrenador no le cambió hasta el minuto 89.

Las declaraciones de Terry, que sigue quejándose de injusticias arbitrales en la Champions, demuestran que las peores derrotas son las que no se saben digerir. Al Chelsea se le ha hecho una bola en el estómago. El United y el Arsenal confían en que se quede pronto sin aire.

Iñigo Sáenz de Ugarte