El Arsenal se muere de frío

El calentamiento climático no llega lo bastante rápido para el Arsenal. Por alguna razón, el talento desbordante de su plantilla se congela con rapidez cuando se presentan las bajas temperaturas.

El carácter imprevisible del tiempo en Gran Bretaña –puede ser malo, muy malo o insufrible– confunde a los meteorólogos televisivos, que apenas pueden hacer un pronóstico fiable a 24 horas vista. Pero con el equipo de Arsène Wenger lo tienen fácil. Los datos de los últimos años demuestran que su media de puntos de noviembre a febrero es inferior a la de los primeros meses de la temporada y al tramo final de la Liga.

Aún peor lo tienen después de que se confirmara que el paripé de la placenta no sirvió de mucho. Van Persie viajó hasta Belgrado con los ligamentos del tobillo rotos. Los médicos de la selección holandesa debieron de conseguir su título en el mismo rastrillo zen de la curandera serbia, y pensaron que lo de la lesión sería cuestión de semanas. En Londres, el delantero descubrió que estará cuatro o cinco meses sin jugar.

Para cuando vuelva, hará mejor tiempo, pero ya será demasiado tarde para su equipo. Ayer, el Chelsea les dejó tiritando tras ganar 0-3 en el campo del Arsenal. Hay pocas verdades inmutables en el fútbol, y una de ellas parece ser que nadie entra por el centro de la defensa del Chelsea con paredes y toques de alta escuela. El equipo de Wenger no tiene extremos que se pasen el partido pegados a la cal y eso se paga ante el Chelsea.

Los azules han tardado 14 jornadas en dejar a 10 puntos al tercer clasificado y a 11 al cuarto (el Arsenal). Sólo el Manchester mantiene el ritmo –está a cinco– y no debe ser descartado. La única diferencia entre ambos equipos reside en el partido que jugaron y que ganó el Chelsea con un 60% de buena suerte y un 40% de ayuda arbitral.

El Arsenal se asemeja cada vez más a esa selección portuguesa que jugaba con un portero, diez medias puntas y un delantero. O algo así. La calidad de su centro del campo es indiscutible, así como su capacidad para producir goles. Sin embargo, en las grandes citas de la temporada ha demostrado que varios de sus jugadores están muy verdes para hacer frente al colmillo retorcido que se gastan en el Chelsea y el Manchester.

La perenne fortaleza defensiva del equipo de Ancelotti no debe engañar. Su equipo es el único de la Premier que ha marcado en todos los partidos. Dos delanteros aparentemente incompatibles como Drogba y Anelka están (como se dice ahora en el fútbol) mezclando muy bien. Droga ya no está peleado contra el mundo y la evolución de Anelka es sorprendente.

El francés pasó por ocho equipos antes de llegar al Chelsea. Puso a prueba la paciencia de casi todos sus entrenadores. Ahora con 30 años, marca unos cuantos goles y cumple con esmero las tareas que le encomiendan. La madurez a veces se toma su tiempo para aparecer.

Iñigo Sáenz de Ugarte