Los privilegios de los políticos

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En algún momento dejarán de hundir su prestigio en el barro, pero de momento no parecen tener ganas de echar el freno. Acaba de producirse otra ronda de revelaciones en el escándalo de los gastos de los parlamentarios británicos y nuevos ejemplos nada edificantes. Algunos diputados que ya habían anunciado que no se presentarían a la reelección, precisamente por todo lo que se había sido, se dedicaron a pasar gastos poco justificables. Un parlamentario laborista, que es además viceministro de Defensa, tiene el dudoso honor de haber visto cómo su casa aparece en casi todos los periódicos.

La mansión, que casi parece un castillo desde el aire, tiene una pequeña torre con un reloj y los gastos de reparación fueron facturados a los contribuyentes. Los parlamentarios vuelven a estar perplejos. No han vulnerado las normas propias de la Cámara. El problema son las propias normas que les reservan toda clase de privilegios que el electorado no está ya dispuesto a aceptar.

Hay que recordar que la justificación de estas normas es en teoría subvencionar algunos gastos de vivienda de los diputados que no son de Londres. Vivir en la capital del Reino Unido no es nada barato. De ahí a que los políticos designen como segunda vivienda la casa de fuera de Londres para financiarse reparaciones y compras de objetos de lujo hay un largo trecho.

La estrategia laborista de denunciar los privilegios de cuna de David Cameron y sus más directos colaboradores en el Partido Conservador no llegará muy lejos con la foto de la mansión. El Daily Mirror, tradicional apoyo de los laboristas, hace lo que puede apuntando directamente a la hipocresía de Cameron. Ningún periódico le sigue en esta línea.

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Aquí han pringado todos pero en términos de coste político son los laboristas los que se están llevando la peor parte. Alguna desventaja debe tener llevar más de una década en el poder.

Iñigo Sáenz de Ugarte