El tablero global

El mimado ‘doberman’ del imperio americano

Orgulloso portaestandarte de la oligarquía colombiana, vinculado a las familias de notorios narcotraficantes y relacionado políticamente con los paramilitares, de Álvaro Uribe sólo sorprende que sea el niño mimado de los gobiernos occidentales. Presidente de una nación devastada por secuestros y asesinatos políticos, reino de los negocios de la droga y de los abusos policiales, todas sus arbitrariedades –incluidas sus maniobras para perpetuarse en el poder– son contempladas con benevolencia por los mismos que condenan vehementemente los "excesos populistas" de Chávez, Correa y Morales.
Pero más notable aún que esa hipocresía internacional es la escalada militar que vive Latinoamérica desde que llegó a la Casa Blanca el pacifista Barack Obama. Por primera vez en decenios, se ha perpetrado un golpe de Estado (en la Honduras que fuera sede de la odiosa Escuela de las Américas y que todavía hoy alberga una estratégica base de EEUU) y ahora el Pentágono se dispone a desplegar sus tropas por toda Colombia.
Está claro que Obama no podía dejar en el olvido su patio trasero –que Bush desdeñó mientras giraba a la izquierda como reacción a los desmanes dictatoriales que fomentó el Tío Sam–, y que Washington siente la imperiosa necesidad de recuperar parte del terreno perdido. Pero los pocos escrúpulos de la nueva ofensiva diplomática estadounidense hacia el Sur, confiada a Hillary Clinton, nos recuerdan que los virreyes de EEUU en América Latina siguen siendo hoy los mismos que designó la anterior Administración neocon.
Obama les está dejando hacer. Y esos creyentes en la guerra preventiva le pueden precipitar en un nuevo conflicto bélico por el exceso de celo de su doberman Uribe.