El tablero global

El verdadero «imperio del mal» de la era Cheney

Paso a paso, Dick Cheney se aproxima a su juicio final, el de rendir cuentas sobre uno de los gobiernos más tenebrosos de la historia reciente, al que solemos denominar Administración de [George W.] Bush, pero que sin lugar a dudas cometió sus mayores atrocidades bajo órdenes e instrucciones personales del vicepresidente.
A pesar de los deseos de Barack Obama de pasar página –para que los horrores del pasado no enturbien sus planes de futuro–, al fiscal general, Eric Holder, cada día le cuesta más resistirse a abrir una investigación judicial sobre las torturas de la CIA. Pesquisas en las que poco costaría probar lo que todos ya sabemos: fue Cheney en persona quien ordenó, e incluso diseñó en algunos de sus detalles, el programa de interrogatorios en violación de las leyes internacionales y de los tratados rubricados por EEUU.
En un caso concreto, la oficina del vicepresidente mandó que se siguiera torturando a un detenido pese a que los agentes interrogadores insistían en que la víctima ya había dicho todo lo que sabía. Simplemente, porque no había confesado la existencia de vínculos entre Al Qaeda y Bagdad; confesión falsa que Cheney necesitaba para justificar sus planes de invadir Irak.
No puede sorprender que el vicepresidente ordenase a la CIA que ocultase al Congreso sus planes de asesinatos antiterroristas en el extranjero, cuando Cheney había creado su propia task force secreta de espionaje (cuyas operaciones no conocía ni la Agencia Central) para manipular los informes de los agentes secretos.
Todo indica que Cheney levantó un auténtico "imperio del mal" paralelo a la Casa Blanca y fuera de la ley. Tapar esa infame actuación en aras de la seguridad nacional sería otra vileza.