El tablero global

En Reino Unido, el verdadero ganador ha perdido y decepcionó

Se podría decir que en estas elecciones de Reino Unido todos han perdido; cosa bien curiosa vista desde aquí, donde los líderes de los partidos suelen cantar victoria sea cual sea el resultado obtenido. Pero este Parlamento británico "colgado" –casi se podría decir que ahorcado– nos presenta un fenómeno todavía más peculiar: el verdadero ganador no sólo ha perdido sino que ha decepcionado a propios y extraños.
El gran triunfador es, claro, Clegg, puesto que es el que tiene la llave de la gobernabilidad y en consecuencia es cortejado por los dos grandes partidos, súbitamente dispuestos a adoptar las reformas liberaldemócratas que hasta anteayer consideraban inaceptables. Con uno u otro socio, será él quien acabe llevándose el gato al agua de la reforma electoral que augura un futuro prometedor para su partido.

Empero, Clegg ha sido claramente derrotado por el voto útil de los electores que al llegar a las urnas de pronto sucumbieron al ancestral reflejo de que marcar la papeleta liberal era tanto como arrojarla a la papelera. Así que, en vez de cumplir las altísimas expectativas despertadas por el dinámico candidato LibDem, el temor a un sistema electoral absurdo acabó por castigarlo con incluso menos escaños que antes.
Lo único que le salva es sumar con los laboristas exactamente el mismo número de diputados que el que reunirían los tories (tras ganar Thirsk y Malton) con sus aliados naturales unionistas (norirlandeses), de forma que puede retorcer el brazo a Cameron: le sería imposible gobernar sin contar con Clegg.
No cabe duda. El que más gana en este embrollo electoral es el perdedor contra pronóstico. ¡Bendita política!