Opinion · El tablero global

La crueldad de la diplomacia

Mientras diplomáticos de numerosos países gastan cientos de millones en incesantes viajes por Oriente Próximo, muy ocupados en dar la imagen de que están empeñados en reactivar el moribundo proceso de paz árabe-israelí, la población palestina de Gaza machacada por los bombardeos del Tsahal sigue sometida al implacable castigo colectivo del bloqueo de la Franja, sin que los gobernantes occidentales quieran darse por enterados de que eso constituye un crimen contra la humanidad tanto o más grave que la masacre de más de un millar de civiles indefensos.
Ese asedio de la región más superpoblada del mundo se agrava inconmensurablemente por la devastación de 22 días de bombardeos, que han destruido 21.000 viviendas, además de los hospitales, almacenes de víveres y medicinas, sedes de las organizaciones humanitarias, edificios oficiales, escuelas y redes de agua potable, electricidad y alcantarillado, de los que dependían 1,5 millones de personas para su subsistencia. Miles de toneladas de suministros de emergencia permanecen bloqueados porque Israel se niega a abrir los pasos fronterizos, y el máximo responsable de la ONU para auxiliar a esos refugiados, John Ging, ha reconocido que “la gente corriente de Gaza no está recibiendo auxilio suficiente, ni lo está recibiendo con la rapidez con la que lo necesita”.
En el lado egipcio de la frontera, docenas de camiones cargados con alimentos, fármacos y vituallas están también parados por falta de acuerdo sobre su distribución, que El Cairo rehúsa conceder a Hamás por mucho que sea el único grupo que dispone todavía de capacidad de coordinación de las labores de reconstrucción en la Franja. Y ¿cómo se van a reconstruir las casas arrasadas por el Ejército israelí, cuando entre los materiales que Israel impide entrar en Gaza figura hasta el cemento, con el argumento de que se puede también emplear para hacer rampas de lanzamiento de cohetes caseros?
Pero lo más grave ni siquiera es que entre las condiciones del Gobierno israelí para levantar ese asedio contra toda la población civil (algo expresamente prohibido por las Convenciones de Ginebra) se haya ya incluido oficialmente la liberación del soldado Gilad Shalit, secuestrado en 2006. Es decir, un Estado ocupante toma medidas crueles e inhumanas contra toda una población civil para conseguir la liberación de uno solo de sus militares, rehén de algún grupo armado enemigo. ¿No les trae eso recuerdos de un conflicto en Europa hace casi 70 años?
No, lo más grave es la parsimonia e insensibilidad con la que la comunidad internacional se está tomando la catástrofe humana que padece Gaza. Ni los llamamientos de las organizaciones humanitarias internacionales, ni las evidencias filmadas y fotografiadas de los incalificables sufrimientos que padecen los civiles, han conmovido tampoco a los otros gobiernos, cuyos diplomáticos maniobran para negociar un acuerdo de tregua bajo la égida Fatah, del presidente Mahmud Abás, antes de que se abran los pasos y comience a aliviarse la atroz situación de más de un millón de refugiados.
Negociación que no sólo puede prolongarse indefinidamente, sino que también desestima hechos incontrovertibles. Abás es, en estos momentos, un cadáver político tras su inconfesable connivencia con Israel durante la destrucción de Gaza, confiando en que los bombardeos acabasen con sus rivales de Hamás. Además, su mandato concluyó el 9 de enero y aunque lo está prolongando bajo un “procedimiento de emergencia” muchos palestinos, empezando por Hamás, ya no reconocen su autoridad.
Abás trata ahora de cambiar el reglamento electoral para salvar su carrera política. Pero cualquier arreglo de Gobierno palestino de unidad pasará inevitablemente por unas elecciones, en las que Hamás tiene muchas posibilidades de ganar la presidencia, según estiman analistas políticos como Zakariya al Qaq, profesor en la Universidad Al Quds de Jerusalén.

¿Cuánto sufrimiento más dejaremos que padezcan los civiles de Gaza, mientras perseguimos unos objetivos políticos que están abocados al fracaso?

31/1/2009

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