El tablero global

Las elecciones para cambiar todas las elecciones

Los defensores del absurdo sistema electoral británico first-past-the-post (el primero se lo lleva todo, sin segunda vuelta) sostienen que es el mejor método para garantizar un Gobierno "fuerte", con la mayoría absoluta parlamentaria necesaria para forzar la aprobación de las leyes y decretos que considere oportunos para gobernar.
Esa trampa dialéctica de poner la gobernabilidad por encima de todo no es más que una excusa para mantener un sistema injusto diseñado para que uno de los dos grandes partidos siempre ostente el poder y ninguna formación menor pueda influir en la política gubernamental. En las elecciones británicas de 2005, los laboristas se apropiaron del 54% de los escaños en los Comunes con sólo un 33% de los votos, mientras que los liberaldemócratas reunieron únicamente el 9,6% de los diputados pese a haber obtenido un 22,6% de los sufragios.

Además, ese procedimiento de adjudicar el escaño al que queda primero (aunque tenga poco más de la cuarta parte de los votos emitidos) convierte en inservibles o malgastados la mayor parte de los sufragios. En 2005, el 70% de los votos depositados en las urnas fueron para candidatos perdedores o sobrantes de los ganadores, de forma que no tuvieron influencia ninguna en la composición del Parlamento.
Como era de esperar, sólo el líder liberal, Nick Clegg, ha exigido la reforma de un sistema electoral tan grotesco, que Labour y tories pretenden perpetuar. Eso le ha convertido en bisagra, y para quebrar ese bipartidismo estancado deberá reclamársela a David Cameron, quien acabará sin duda en el número 10 de Downing St. Porque estas tenían que ser las elecciones para cambiar todas las elecciones en Reino Unido y este resultado que no otorga mayoría absoluta a ninguno de los dos bloques es quizá el mejor posible.