El tablero global

Las mentes, los corazones y las almas de los afganos

Hace más de medio siglo que Richard Nixon arengó a la Convención Nacional Republicana que le había designado candidato a la Casa Blanca, prometiendo "una ofensiva terrestre para ganar las mentes, los corazones y las almas" de los vietnamitas que combatían contra las tropas de EEUU. Como si nada hubiéramos aprendido en todo este tiempo, los batallones de la 101ª División Aerotransportada se disponen a atacar Kandahar, igual que en 1969 lanzaron el inútil y sangriento asalto a la Colina de la Hamburguesa del Vietcong.
Pero esta vez tampoco ganarán las mentes ni los corazones, mucho menos las almas, de los afganos si pretenden vencer con esa táctica bélica que arrasa los campos y aldeas de Helmand en torno a Marjah, donde 17.000 hectáreas de cultivos estaban dedicados a la adormidera y daban sustento a 70.000 campesinos y sus familias.

Ese cultivo y tráfico de droga está tan entrelazado en el tejido social de Helmand y Kandahar que no sólo los talibanes obtienen de ese sector unos 300 millones de dólares al año, sino que las autoridades políticas y tribales, así como los funcionarios y los meros empleados y obreros, dependen de ello para sobrevivir. Pero han llegado a Marjah las tropas extranjeras, devastando las plantaciones y las escasas infraestructuras, causando víctimas civiles e imponiendo dirigentes corruptos como Abdul Zahir Aryan, nuevo jefe del distrito, quien pasó cuatro años preso por intentar asesinar a su hijastro.
Para la población local, las fuerzas aliadas sólo han llevado ruina, destrucción y caos. ¿Por qué no iban a desear el regreso de los talibanes?
Y volverán, con la primavera, puesto que no hemos sabido extraer el veneno talibán de las mentes, los corazones y las almas pashtunes.