Opinion · El tablero global

Los paraísos fiscales hacen que suba el precio del pan

Entre las no-condiciones que la UE ha impuesto a España para concedernos el no-rescate bancario tan celebrado por Rajoy, llama la atención –sobre todo de los más de 11,5 millones de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social— la «obligación» (Almunia dixit) de aumentar el IVA de los productos de primera necesidad del 4% al 18%, es decir multiplicar por más de cuatro los impuestos que afectan directamente a los que menos tienen. Sobre todo si se presta la debida consideración al hecho de que esa amarga medicina tributaria es no-condición sine qua non para curar la úlcera sangrante del sistema financiero español provocada por la hemorragia de capitales que se están fugando de nuestro país.

La retirada de fondos del sistema bancario español alcanzó en marzo los 66.200 millones de euros, casi el doble que el anterior máximo registrado (mayo de 2010), y en nueve meses han salido de la economía española 200.000 millones en recursos financieros. Esto ha convertido al Banco Central Europeo en la principal fuente de financiación de los bancos españoles, que pidieron en mayo 287.813 millones prestados al BCE. Un nuevo récord histórico, tras un aumento del 9% frente a lo solicitado en abril. En un año, la dependencia de España del BCE se ha más que quintuplicado, desde los 53.134 millones de euros que la banca le pidió en mayo de 2011.

Y no se trata de una prudente reinversión de capitales hacia otros países de Europa con menor riesgo de bancarrota, sino de una auténtica sangría de los recursos monetarios del viejo continente. Las inversiones directas de los países de la UE en paraísos fiscales se multiplicaron el año pasado ¡por más de once! en relación a 2010, hasta alcanzar los 58.900 millones de euros. Gracias a ello, los paraísos fiscales fueron en 2011 el segundo destino del mundo con mayor flujo de inversión directa, sólo por detrás de EEUU.

Es más que evidente que esa fuga de euros hispanos hacia otras divisas más rentables, y hacia parajes mucho más cómodos que España para el capital (como Suiza o las islas Caimán, donde se concentra casi el 20% de los depósitos monetarios no bancarios del mundo) se ha multiplicado en los últimos meses, quizá como consecuencia de la gran confianza de los mercados que ha recuperado el PP al hacerse con las riendas del Gobierno. Curiosamente, esa cantidad acumulada en las cajas fuertes suizas y caimanes (alrededor de 1,35 billones de dólares o un billón de euros) casi equivale a lo que han desembolsado de las arcas públicas (1,2 billones) para rescatar a sus bancos (por supuesto, privados) los ocho países occidentales más comprometidos por la crisis: EEUU, Alemania, Reino Unido, Holanda, Bélgica, Irlanda, Grecia y España… aunque aún está por ver cuánto acabará entregando esta última a la pira del sacrificio presupuestario.

Ante tantos sacrificios de los contribuyentes, la Comisión Europea ha hecho un nuevo estudio sobre las proporciones astronómicas de la evasión tributaria, a causa de la cual (según el borrador del informe oficial que debe ser aprobado por Bruselas este miércoles) los países de la UE pierden cada año cerca de un billón de euros (¡qué parecidas son todas estas cifras!) en ingresos fiscales. «En algunos casos, los estados miembros han llegado casi al límite del gasto que pueden recortar y los impuestos que pueden subir, mientras los contribuyentes honestos deben cargar con el peso de la austeridad«, se escandalizan –ahora– nuestros «hombres de negro».

O sea, que una vez más los gobernantes mundiales clamarán al cielo contra el fraude tributario y los paraísos fiscales, a donde va parar ese descomunal atraco a las arcas públicas, igual que hiciera el G-20 en noviembre del 2011 y anteriormente cada seis meses desde el estallido de la burbuja financiera en 2008. Otra vez proclamarán que van a estudiar cómo frenar ese gigantesco fraude a la ciudadanía y que van a plantearse la «refundación del capitalismo»… o cualquier otra cosa que suene bien.

Después… nos subirán el precio del pan.