El tablero global

Nueva punta de lanza de la derecha en Latinoamérica

Santos debería agradecer su arrolladora victoria electoral a sus enemigos, interiores y exteriores, casi tanto como a sus amigos, muchos de los cuales están en otros partidos pero cuentan con recaudar cargos y prebendas de su apoyo al pomposamente llamado "pacto de unidad nacional" del sucesor de Uribe.
El presidente electo de Colombia ha sabido aprovechar la amenaza de las FARC y los errores estratégicos de Mockus, así como el supuesto peligro externo de Venezuela, casi tanto como la red caciquil y clientelar del Partido de la U, para convencer a los votantes de que la gran oportunidad de salir de la espiral de terror e injusticia que devasta su país es la oportunista propuesta de "unidad" con la que el ex ministro de Defensa arrasó en las urnas.
En realidad, Santos representa, en el interior, al oligopolio que ostenta el poder económico –pues él mismo procede de una de las familias más poderosas del país– y a los intereses de las multinacionales –ya que siempre ensalzó las reformas neoliberales en Chile–. Cara al exterior, será mucho mejor punta de lanza de los intereses de Washington, al encabezar una alianza derechista con su gran amigo Sebastián Piñera en Chile y con el peruano Alan García. En la Casa Blanca se sueña con que José Serra gane las presidenciales brasileñas de octubre y se forje así un nuevo eje conservador latinoamericano que acorrale al movimiento bolivariano de Chávez y Morales.
La formación elitista de Santos y su habilidad comunicadora deberían facilitarle esa tarea de nuevo alfil de EEUU en la región, pero también arrastra rémoras (su procesamiento en Ecuador por el bombardeo de ese país y su responsabilidad en los "falsos positivos") que le pueden cerrar diagonales.
Se abre una nueva partida en Suramérica, y los movimientos de Santos serán decisivos.