El tablero global

Otro año de Obama que dominará China

Iba a traer la paz en 2009 y se verá abocado a la guerra en 2010.

El protagonista del próximo año volverá a ser Obama, pero el manto del Nobel no le augura éxitos ni concordia, sino que incluso le puede ser un estorbo cuando afronte los conflictos nacionales e internacionales que se han enconado con la penuria de la crisis económica.

En casa, topará con una feroz resistencia republicana tanto a la imprescindible reforma sanitaria como a la regulación de los mercados financieros, y las guerras externas se convertirán en contiendas políticas internas, pues seguirán llegando féretros desde los frentes de Afganistán e Irak, sin que pueda arrogarse victorias claras sobre Al Qaeda y los talibanes. También esgrimirá sanciones contra Irán, por su programa nuclear, que harán sonar tambores bélicos en Oriente Próximo.

Su gran apuesta será precisamente la de encarrilar el más antiguo y contumaz de los conflictos armados del planeta, pero la paz árabe-israelí y la ineludible creación de un Estado palestino requieren ejercer fuertes presiones sobre el Gobierno de Netanyahu, y esa vía le conducirá a otro enfrentamiento doméstico con el poderoso lobby judío de EEUU. Además, si sus esfuerzos por detener la expansión de los asentamientos en los territorios ocupados y salvaguardar la Jerusalén árabe terminan revelándose infructuosos, su capacidad de influencia global se verá seriamente mermada.

Sobre todo porque Obama pretendía ejercer una presidencia posimperial que ejerciese un poderío blando para defender los intereses de EEUU sin tener que emplear la fuerza militar, salvo en los campos de batalla que hereda de su belicista antecesor.

Algo así como aplicar el principio zen "el que sabe vencer, no lucha".

Una regla que ha empezado por violar en su propio continente, al sellar una alianza militar con la Colombia de Uribe que ha atizado las tensiones prebélicas con Venezuela y Ecuador, y ha puesto en guardia a un Brasil que trata de implantar su hegemonía regional. En una Suramérica que en 2010 se verá sacudida por dos arduas sucesiones: la del Uribe, que trata de perpetuarse mediante un referéndum constitucional mucho más arbitrario que el que justificó el golpe de Honduras; y la de un Lula que insiste en retirarse aunque eso suponga arriesgar la continuidad de su triunfante proyecto político y económico.

De nuevo, la economía será el verdadero reto del inquilino de la Casa Blanca, que deberá bregar con una China crecida, desafiante tras su rápida recuperación de la crisis, y una Rusia dolida, amenazante por su control de los recursos energéticos que necesita la UE. De las dos, la primera será la que domine la escena internacional, por masa demográfica, peso comercial y potencia financiera.

China tratará de aprovecharse del talante de Obama para seguir imponiendo sus objetivos materiales sin escrúpulos morales. Con el presidente de EEUU enzarzado en combates externos y escaramuzas internas, Pekín tendrá manos libres para comprarse África, cortejar tiranías como la birmana y la norcoreana, y aprovecharse de la debilidad occidental.

Será, pues, un año de Obama que dominará China.