El tablero global

Wikileaks: sicarios impunes y denunciantes perseguidos

La última filtración proporcionada por Wikileaks vuelve a mostrarnos que los servicios secretos de EEUU y del Reino Unido campan a sus anchas por todo el mundo, incluidas las fronteras de sus aliados europeos, igual que tienen pinchadas las comunicaciones de todos nosotros, e incluso de los gobernantes amigos.

Pero también demuestra que la feroz campaña de persecución contra Julian Assange –y su organización periodística de revelación de los secretos del poder– no ha logrado neutralizarlo, aunque lleve ya más de 900 días asilado en la Embajada de Ecuador en Londres y cuatro años largos detenido (antes en arresto domiciliario) sin que se haya formalizado denuncia ni acusación concreta contra él.

El fundador de Wikileaks continúa inquebrantable su desigual lucha contra el "nuevo totalitarismo" derivado de la omnipotente vigilancia en la red y frente a los flagrantes abusos de poder que las superpotencias tratan de ocultar a la opinión pública. Sin embargo, en este lustro de escandalosas filtraciones también ha quedado más que claro que los gobiernos autocalificados de "democráticos" cometen continuamente crímenes de guerra y de lesa humanidad, los niegan descaradamente incluso cuando son pillados con las manos en la masa, protegen a los que los cometen y persiguen a los que los denuncian.

Desde que Wikileaks reveló, en 2010, el vídeo que tituló Collateral Murder (el ametrallamiento indiscriminado de civiles desde un helicóptero Apache que causó una docena de muertos y numerosos heridos, incluidos niños, en el barrio de Nuevo Bagdad), el Gobierno de EEUU se ha dedicado a perseguir implacablemente… a los que denuncian esos crímenes. Como Bradley (hoy, Chelsea) Manning, soldado que filtró las pruebas de esas atrocidades (casi 400.000 documentos que demuestran cómo el Ejército estadounidense asesinó en Irak a decenas de miles de civiles).

Manning fue torturada, recluida sin acusación ni proceso durante tres años en confinamiento en solitario, y sometida a un inicuo consejo de guerra que la condenó a 35 años de prisión… mientras todos los que cometieron (según pruebas documentales de cargo) esos horrendos asesinatos masivos continúan impunes, bajo la protección de los que se arrogan ser los "defensores del mundo libre".

Otro tanto ha ocurrido con el exanalista de la CIA Edward Snowden, hoy asilado en Moscú, quien no sólo reveló el espionaje electrónico masivo en todo el mundo de la National Security Agency (NSA) sino que destapó que el Gobierno de EEUU es profundamente antidemocrático. Como reacción, la Casa Blanca emprendió semejante caza del hombre a nivel internacional que incluso humilló a sus aliados europeos con el escándalo de la intercepción del avión presidencial del boliviano Evo Morales. No logró capturarlo, pero EEUU y Reino Unido sí consiguieron condenar al exilio en Alemania a la periodista británica de Wikileaks, Sarah Harrison, quien le ayudó a escapar de las garras de ese verdadero imperio del mal.

Que Wikileaks, ya convertido en la verdadera red internacional de transparencia del siglo XXI, siga operando no sólo es un logro heroico, sino sobre todo la garantía de que los crímenes, abusos, injusticias y arbitrariedades de los poderosos nunca más permanecerán ocultos al escrutinio de la ciudadanía.