A contracorriente

Lula, de perseguido a candidato

Lula se despertó el pasado viernes como un hombre perseguido y se fue ese mismo día a dormir convertido en candidato a presidente. Lula consiguió acabar con los sueños de la derecha brasileña y transformar lo que podría haber sido una pesadilla en un momento decisivo para cambiar la agenda política de Brasil.

En Brasil, detrás de las disputas del día a día se esconde un combate aún mayor sobre cuál debe ser la gran prioridad del país, sobre cuál debe ser la agenda política. La derecha había logrado, gracias a su alianza con el poder judicial y la Policía Federal y gracias al poder de los medios de comunicación privados, colocar a la corrupción en el centro del debate. Según las encuestas realizadas por sectores de la derecha, la corrupción sería el tema más importante del país y no la desigualdad social o la hegemonía del capital especulativo sobre la economía brasileña.

La ofensiva de los medios y sus incesantes acusaciones, aún sin fundamento, tienen como objetivo utilizar la corrupción para criminalizar al PT y a Lula y conseguir así sacar al exmandatario de la vida política. Los ataques habían puesto a la defensiva a Lula, al PT y al Gobierno, que gastan gran parte de su tiempo y de sus energías en desmentir acusaciones, algo que los medios ni siquiera tienen en cuenta y siguen contando mentiras como si no hubieran sido desmentidas.

Pero la operación represiva del viernes 4 de marzo, que tenía como objetivo detener a Lula, tuvo en realidad consecuencias desastrosas para la derecha. La operación policial hizo que Lula, su carisma, sus propuestas, aparecieran de nuevo en todos los televisores. Permitió que Lula saliera del rincón donde lo tenían escondido y volviera a retomar la iniciativa y la ofensiva. No sólo para señalar a la Rede Globo o algunos sectores judiciales como enemigos de la democracia, sino también para consolidarse como candidato a la presidencia en las elecciones de 2018 y anunciar su intención de recorrer a partir de esta semana todo el país con diversos actos políticos.

En su brillante intervención del viernes, donde el pueblo pudo reencontrarse con su líder más grande, Lula encontró la forma de darle la vuelta a la situación política del país. Abandonó la actitud defensiva, la del boxeador atrapado en el ring, para replantear el debate político sobre lo que la derecha y la izquierda quieren para Brasil. Habló del país que su Gobierno construyó, reiteró que por ello está siendo perseguido e interpeló a la oposición sobre sus propuestas.

En pocas horas Lula desplazó el eje del debate, proyectando su candidatura y los logros de su Gobierno, y lo centró en buscar salidas a la crisis actual. Lula se convenció de que la única manera de revertir la crisis es hacer campaña todo el tiempo, politizar el debate. Su reacción ha hecho que ahora sea la derecha quien se ponga a la defensiva.

Lula ha recuperado el tono político. Los movimientos populares han empezado a movilizarse y salir a la calle. Juristas de diversos ámbitos han mostrado su preocupación por las arbitrariedades del proceso contra Lula y el PT. Los medios alternativos han hecho circular la versión real de los acontecimientos y su verdadero significado. Articulistas de la derecha ya han comenzado a lamentarse de haber dado la oportunidad a Lula de recuperar espacio y de poder presentarse como víctima de una persecución. La derecha brasileña había sacado todas sus armas. Creyó que tenía la situación bajo control y usó su bala de plata contra Lula, que ha salido más fuerte moral y políticamente y ha dejado a sus adversarios en una situación embarazosa.

La crisis brasileña está lejos de terminar. Sus promotores buscan nuevas formas para dar continuidad a la ofensiva contra Lula, pero ahora tendrán que lidiar también con el desgaste ocasionado por la operación frustrada del 4 de marzo. Por su parte, el Gobierno tiene una nueva oportunidad, ante las grandes movilizaciones populares, de reencontrar con los intereses del pueblo, cambiando la política económica. Pero, lo fundamental es que Lula se ha cansado de estar perseguido y el pasado viernes asumió definitivamente que es candidato a presidente de Brasil.