A contracorriente

¡Adelante, Podemos!

No imaginan la alegría que los latinoamericanos hemos sentido cuando han comenzado a surgir en Europa movimientos de rebeldía en contra del neoliberalismo. De los indignados a Podemos, pasando por Syriza.

Nos dimos cuenta con Grecia de la dificultad que supone enfrentarse a una Europa poderosa, unificada alrededor de las políticas de austeridad. Algo similar habría sucedido si EEUU hubiera logrado imponer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Nuestros gobiernos progresistas habrían sufrido lo mismo que Grecia. Afortunadamente hemos evitado dicha alternativa y ha sido posible implementar gobiernos antineoliberales a lo largo de este siglo en un conjunto significativo de países.

Compartimos los intentos de Podemos —ahora aliado con Izquierda Unida— para construir en el complejo escenario europeo las condiciones de un gobierno antineoliberal. Hemos comprobado que tácticas similares a las desarrolladas en América Latina se han utilizado en contra de Podemos y sus líderes.

Las acusaciones personales sin fundamentos sirven para la acumulación de sospechas nunca comprobadas y generar niveles de rechazo, producto de un miedo irracional, en contra de lo nuevo, que en esta caso viene representado por Podemos. Concentran su atención en nuestros mayores, que por lógica son también los más conservadores y los más reacios creer que las cosas pueden cambiar para mejor. Están traumatizados por las catástrofes del pasado europeo y se dejan llevar por la idea de que, dados los tiempos que corren, quizá sea mejor quedarse como están porque todo puede ir a peor.

No es fácil construir alternativas al neoliberalismo en un mundo neoliberal con unos valores que orientan la vida de gran parte de la gente, lo que ellos llaman "modo de vida norteamericano", una forma de vida nada solidaria, más bien egoísta, que se aprovecha de la mente de los más jóvenes, aquellos que en teoría son los motores de la construcción de otro mundo posible.

La única vía de transformación es la democratización del Estado. Tenemos que hacer alianzas con fuerzas a las que criticamos, de lo contrario nunca construiremos una nueva mayoría en la sociedad. Tenemos, sobre todo, que poner en marcha un programa distinto, que apunte hacia otro mundo posible, aun partiendo de las herencias pesadas del neoliberalismo.

Podemos encuentra unas dificultades que están a la altura del tamaño de su justa ambición, la ambición de construir una España distinta, democrática, solidaria y humanista. Pero esto es solo el principio del fin porque Podemos representa el futuro y, por ello, encuentra las fuerzas que necesita en los mejor de la sociedad española.