Opinión · Tierra de nadie

Impuestos de izquierdas

Como lo de izquierdas era bajar los impuestos y, además, hacerlo a todos por igual, la subida que se anuncia ha cogido a los más despistados con el pie cambiado, especialmente a aquellos que hace dos meses no se enteraron de que aumentar la fiscalidad indirecta del tabaco y de la gasolina también era de izquierdas porque así fumaríamos menos, respiraríamos un aire más limpio y, en última instancia, porque lo decía Zapatero. Lo que se nos sugiere ahora es que los que más tienen contribuyan con mayor intensidad, y eso sí que parece de izquierdas, aunque, como se aprecia, este concepto está en redefinición permanente, casi tanto como la política fiscal del Ejecutivo.

El asunto es que se gasta más y se ingresa menos y, como resultado, no hay dinero o, mejor dicho, lo hay para los territorios, para los bancos o para la industria del automóvil pero no para todos los parados sin protección, que son gente obstinada en hacer tres comidas diarias. Dicho en cifras, subsidiar seis meses con 420 euros a los 340.000 parados previstos inicialmente con el Gobierno costaría 857 millones de euros Extender esta ayuda a un millón de desprotegidos supondría 2.520 millones. Y esto, al parecer, es un lujo que las arcas públicas no pueden permitirse a la ligera.

Entre tanto, se han dejado de ingresar 6.000 millones, que es lo que ha costado deducir 400 euros del IRPF a cada contribuyente, ya fuera Botín o su jardinero, y se ha eliminado el Impuesto del Patrimonio, otra medida de la nueva izquierda con la que se han detraído otros 1.800 millones. En el último año la política fiscal del Gobierno ha consistido en bajar un tributo directo, suprimir otro y aumentar los indirectos. Si se confirma, la última reforma consistirá en gravar más las rentas del capital, lo único sensato de lo planteado hasta la fecha, porque según nuestro equitativo sistema un trabajador que cobre 17.707 euros al año paga a Hacienda el 28% mientras que un especulador bursátil que gane esa misma cantidad en un día tributa al 18%.

De lo que nadie ha hablado es de meter mano a las grandes fortunas, cuyos capitales se refugian en las llamadas SICAV, sociedades de inversión colectiva, fraudulentas en su mayoría, que manejan 25.000 millones de euros y que tributan sus ganancias al 1% en el Impuesto de Sociedades. No se entiende que los ricos no sean de izquierdas.